E.Fdez.Castro
Poeta que considera el portal su segunda casa
Los compases del mundo latían en Alma,
y sentirlo, la llama correcta de Dios,
toda mente era lira de cuerdas cuantiosas,
toda vida un canto de vidas reunidas;
pues los mundos diversos, mas el Yo solo uno.
El saber convertido en semilla del cosmos:
tan envuelta en la seguridad de la Luz,
no precisa la vaina de nuestra Ignorancia.
Desde el trance del este tremendo apretón
y latidos de este tan noble Corazón
y la pura victoria del más gran Espíritu
ha surgido la nueva magna creación.
Formidables fluyentes las infinitudes
manifiesta ilimitada felicidad
existían en su innúmera unidad;
en los mundos del ser desmedido e inmenso
daban cuerpo a su Yo tan carente del ego;
en un rapto de beatífica energía
y el Tiempo juntaban con la Eternidad;
extensiones albinas do todo en el todo.
No había contrarios ni partes quebradas,
a través del espíritu todo en el todo
amarrado indisolublemente al tal Uno:
eran únicos mas eran propias las vidas,
hasta el fin esos tonos del más infinito,
reconoce en sí mismo al grandioso universo.
Un espléndido centro del giro infinito
impulsado al cenit de su gran extensión,
percibía la divinidad de su gozo
repetida en los innumerables de yoes:
suyas hace tenaces en el panorama
las personas y formas de lo Impersonal,
como tal prolongando en cuenta sin fin,
rapturosa la suma a multiplicación
recurrente infinita de la eternidad.
Traducido de Aurobindo con tendencia en anapésticos y tridecasílabos simples
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