Niëtmore Solysmun
Poeta fiel al portal
Campo sacrosanto,
de convento clausurado yo me adentro.
Hoy fui a curar
a dos muertas vivientes,
más que sanar,
postergar lo inevitable,
gastar material sanitario
y sonreír afablemente a la muerte.
Me pregunto en momentos así,
cuánto merece el miedo
a desprenderse del cuerpo.
No nos enseñan
nada de eso en ningún centro.
Todo cuanto cabe esperar,
es que llegue el deseado momento.
O simplemente ignorar
todo cuanto nos va sucediendo.
La hermana santa
se atrevió a igualar mi
nombre con el de su virgen fundadora
y santiguar las próximas fiestas.
Otorgar fanatismo y poder
sobre una estatua inerte
elevada sobre nuestras cabezas
mientras yo aún recordaba
el fino hedor
que a la prójima consumía.
No son tan distintas nuestras profesiones,
si del mito aún con nuestra
honesta presencia
y el manejo adecuado,
aliviamos hasta el hábito
más mortificado.
Amén