Ayax
Poeta que considera el portal su segunda casa
Deja que corra la gente
tras objetos de ceniza:
que fantasmas de colores
les saturen las pupilas.
Jugar es propio de niños
como reír y que riñan:
y que jueguen a saber
que saben lo que es la vida.
Deja que la gente duerma
creyendo estar en vigilia
y que de pronto a la luna
con ansiedad la persigan;
no porque sean poetas
y la piensen blanca ninfa,
sino moneda de plata
que la ambición les excita.
Permite que el llanto sea
esa sangre evolutiva
que al duro gesto transforme
en bella mirada mística:
que rompa, por fin, el alma
el olvido que la aísla
cual capullo, de lo eterno,
y recuerde que es divina.
tras objetos de ceniza:
que fantasmas de colores
les saturen las pupilas.
Jugar es propio de niños
como reír y que riñan:
y que jueguen a saber
que saben lo que es la vida.
Deja que la gente duerma
creyendo estar en vigilia
y que de pronto a la luna
con ansiedad la persigan;
no porque sean poetas
y la piensen blanca ninfa,
sino moneda de plata
que la ambición les excita.
Permite que el llanto sea
esa sangre evolutiva
que al duro gesto transforme
en bella mirada mística:
que rompa, por fin, el alma
el olvido que la aísla
cual capullo, de lo eterno,
y recuerde que es divina.
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