DonQuevedo
Poeta recién llegado
Salmo 37
No envidies jamás al que obra mal,
pues su gloria es brisa, su reino es fatal.
Como hojas en otoño, pronto caerán,
y el justo en la tierra firme estará.
Confía en Dios, haz el bien sin temor,
y hallarás en su senda justicia y amor.
Si en Él te deleitas, tu gozo será,
pues cumple anhelos quien fiel le es ya.
Encomienda tu paso, reposa en su luz,
que Él guiará tu sendero en la cruz.
Brillará tu verdad como el sol al nacer,
y el día traerá tu derecho a ver.
No temas al mal ni su falsa opulencia,
que es humo que el viento lleva en su ausencia.
El justo es manso, hereda la paz,
mas ruge el impío y su fin pronto va.
Su espada afilada su pecho traspasa,
su arco se quiebra, su fuerza fracasa.
Más vale lo poco que el justo sostiene
que el oro y la plata que el necio retiene.
El hombre que cae, Dios lo levanta,
su mano sostiene, su gracia no falta.
Jamás vi al justo mendigar su pan,
pues Dios le sustenta y nunca se va.
Los pasos del sabio Dios ordenará,
y aunque caiga mil veces, firme estará.
Los mansos heredan la tierra al final,
los justos florecen en paz eternal.
Así que confía, espera en su amor,
pues salva a los suyos el gran Redentor.
Los guía, los guarda, les da su verdad,
y en Él encontrarán eterna Paz.
Nataniel Canosa
12-2-25
No envidies jamás al que obra mal,
pues su gloria es brisa, su reino es fatal.
Como hojas en otoño, pronto caerán,
y el justo en la tierra firme estará.
Confía en Dios, haz el bien sin temor,
y hallarás en su senda justicia y amor.
Si en Él te deleitas, tu gozo será,
pues cumple anhelos quien fiel le es ya.
Encomienda tu paso, reposa en su luz,
que Él guiará tu sendero en la cruz.
Brillará tu verdad como el sol al nacer,
y el día traerá tu derecho a ver.
No temas al mal ni su falsa opulencia,
que es humo que el viento lleva en su ausencia.
El justo es manso, hereda la paz,
mas ruge el impío y su fin pronto va.
Su espada afilada su pecho traspasa,
su arco se quiebra, su fuerza fracasa.
Más vale lo poco que el justo sostiene
que el oro y la plata que el necio retiene.
El hombre que cae, Dios lo levanta,
su mano sostiene, su gracia no falta.
Jamás vi al justo mendigar su pan,
pues Dios le sustenta y nunca se va.
Los pasos del sabio Dios ordenará,
y aunque caiga mil veces, firme estará.
Los mansos heredan la tierra al final,
los justos florecen en paz eternal.
Así que confía, espera en su amor,
pues salva a los suyos el gran Redentor.
Los guía, los guarda, les da su verdad,
y en Él encontrarán eterna Paz.
Nataniel Canosa
12-2-25
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