danie
solo un pensamiento...
Difunta y macilenta se despedaza la memoria
bajo el manto de la cercenadas sombras de tu espectro.
En algún recóndito palenque sombrío de la mente
me acecha tu recuerdo y su negrura.
Deidad de la noche,
apólogo burato que envuelve las fantasías de vivir.
Silencios que retumban en las bóvedas macizas,
en las mazmorras recubiertas por piel y huesos
que sepultan la carnaza del cuerpo en la capilla ardiente
del antiguo crisol profano,
ese fruto pagano que nosotros dos llamamos amor
Ese fruto remilgado y suave que descansa en la necrópolis,
que duerme con la corona de espinas del laurel santo,
sangre para los alados caídos.
Ulula mi alma por ese fruto prohibido,
ulula por el gusano vencedor que clama por mis restos,
ulula por la hoz de la Parca cortándome el cuello.
Es que tú eres mi Berenice de Poe,
mi Ofelia de Shakespeare,
mi Helena de Paris,
mi Venus fenecida ,
mi dulce ángel que yace pálido y frío
entre los brazos de luctuosa tierra.
Invítame a tu mundo, se la emisaria de la apostasía
que derroqué a los querubines del cielo.
No me importa no morar en el Edén
si contigo resido el averno.
Remata mis aposentos terrenales con tu gélido beso
y deja que nos bañemos en el Lete
para que nos olviden por siempre
Déjame consumirme con mi abatido y prieto destino
en tu melodía furtiva que despierta a los muertos.