Sabor amargo en el alma, temblor en mis extremidades... mi fe en la humanidad en franco descalabro... ah! Mi buen Mustaine, me imagino las palabras que dirías en situación semejante: El cordón umbilical es retorcido desde su inicio.
Mis palabras de aliento en su momento se quebraron en mi garganta al ver que no podía hacer prácticamente nada por apaciguar los ánimos tan caldeados.
En lo peor de la efervescencia me han cruzado el rostro y flagelado la espalda con palabras que no toleraría ni a mi hermano.
El temor en el humano saca lo peor de su personalidad... ni respirando hondo logre atenuar la reacción preprogramada y mis manos se cerraron pidiendo un cuello que apretar.
Vi los ojos atemorizados de los comensales quienes con su patrimonio en jaque pedían auxilio a gritos.
A fin de cuentas, después de muchas horas, alguien sugirió la solución más simple a un problema simple que los egos transformaron en un témpano de hielo que daría envidia al mismo que hundió al Titanic.
El hombre, sostengo, es un alma noble.
La experiencia de hoy me plantea un enfoque nuevo:
El hombre es un alma noble... Mientras no sea amenazado en sus comodidades...
En fin... voy por otro café para seguir sopesando estos detalles de las adversidades que convierten en enemigos a los mismos vecinos que el día de ayer compartieron pizza.