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Saber lo incomprobable

IgnotaIlusión

El Hacedor de Horizontes
Fuimos hechos de carne y cielo,

nuestro vuelo,
nuestra mente,
aletea invertidamente,
no sigue el rumbo de nuestro cuerpo,
ella asciende hasta donde debe,

aún así, ella puede generar mareas,

como una mariposa empoderada,
nuestros cambios, son,
oscilaciones que se agrandan,
develando un poder que creíamos imposible,

caos y ondulaciones gravitatorias,

si pudiéramos quebrar esas leyes,
crearíamos lo que se nos apeteciera,

¿y quién dijo que ya no las hemos quebrado?

hemos nacido, aún condenados a morir,

pero podremos renacer continuamente,
hasta vencer todo destino.









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El poema refleja la dualidad del ser humano, hecho de carne y cielo, atrapado entre la limitación del cuerpo y la libertad de la mente. Esta última, capaz de elevarse y generar cambios que transforman el mundo, demuestra un poder que trasciende lo físico, como mareas que se expanden a partir de un pequeño movimiento. La obra nos invita a reconocer que, aun dentro del caos y la inevitabilidad de la muerte, existe la posibilidad de renacer, de desafiar las leyes que parecen inmutables y de crear nuestra propia realidad. Al final, el poema celebra la capacidad humana de trascender el destino, recordándonos que la verdadera libertad reside en la mente que osa volar más allá de lo concebible.

Saludos Cordiales
 
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