Amanece tan temprano que no quiero mirar a través de la ventana. Prefiero seguir disfrutando de la paz que he encontrado en mi almohada.
Un descanso largamente esperado, que se fue posponiendo con el transcurso del año.
Algo me dice que estoy equivocado ya que mi cama no tiene sábanas de seda y menos aún con movimiento propio.
Entonces este no es mi cuarto, esta genial almohada no es tal, es un vientre delicado.
Aún no clarea lo suficiente para ver con precisión la habitación. No recuerdo haber tomado nada embriagador como para no recordar donde amaneceré. Consigna permanente: si tomas asegúrate amanecer en lugar conocido.
Temo moverme por no despertar a mi almohada viviente, que por cierto tiene un aroma familiar a flor silvestre, a montaña, a libertad.
Con mi mano encuentro su ombligo y ese aroma embriagador viene de su monte tan desnudo como invitador.
Hago un esfuerzo pausado para saber donde están todas las piezas de mi cuerpo: Mi cabeza sobre el vientre de esta diosa, mi mano derecha sobre su muslo, mi mano izquierda no la encuentro. Está bajo su cuerpo, a la altura del talle, tan privada de sangre que se ha dormido.
No quiero ni pensar lo que pasaría si mi novia entrara por la puerta y me viera en este nudo romano.
La diosa ronronea entre sueños. Por lo menos está contenta.
La sal en mi boca dice que el vino francés se tomo a grandes copas... por Dios, ¡Si llegara mi mujer!, bueno mi novia... (La ventaja es que nunca le enseñe a usar armas y lo malo es que sabe gritar a todo pulmón, eso sí le enseñé).
Cierro los ojos un momento para hacer memoria... recuerdo que ayer estaba con mi novia precisamente... Estábamos paseando descalzos en la grama de un jardín inmenso parecido al de sus padres... en una casa coquetona y no muy grande, pero con una vista magnífica. No me gusta visitarlos pero ellos habían encomendado a su hija que de vez en cuando rondara la casa para darle una apariencia de habitada, mientras duraran sus vacaciones.
Pero volviendo al aquí y ahora, estaba... ¿Dónde estaba? Esa era la pregunta millonaria...
Por ahora solo me es claro que anoche he sido victimado, embriagado y seguramente violado por esta belleza de mujer y su vino entrepiernado francés.
Puedo decir sin temor a equivocarme que me he embriagado de amor. Vuelvo a dormir con una bendita paz interior.
- ¡Despierta hombre!. ¡Estamos en la cama de - mis - papas!, ¡Pero que ya van a llegar!.
Un descanso largamente esperado, que se fue posponiendo con el transcurso del año.
Algo me dice que estoy equivocado ya que mi cama no tiene sábanas de seda y menos aún con movimiento propio.
Entonces este no es mi cuarto, esta genial almohada no es tal, es un vientre delicado.
Aún no clarea lo suficiente para ver con precisión la habitación. No recuerdo haber tomado nada embriagador como para no recordar donde amaneceré. Consigna permanente: si tomas asegúrate amanecer en lugar conocido.
Temo moverme por no despertar a mi almohada viviente, que por cierto tiene un aroma familiar a flor silvestre, a montaña, a libertad.
Con mi mano encuentro su ombligo y ese aroma embriagador viene de su monte tan desnudo como invitador.
Hago un esfuerzo pausado para saber donde están todas las piezas de mi cuerpo: Mi cabeza sobre el vientre de esta diosa, mi mano derecha sobre su muslo, mi mano izquierda no la encuentro. Está bajo su cuerpo, a la altura del talle, tan privada de sangre que se ha dormido.
No quiero ni pensar lo que pasaría si mi novia entrara por la puerta y me viera en este nudo romano.
La diosa ronronea entre sueños. Por lo menos está contenta.
La sal en mi boca dice que el vino francés se tomo a grandes copas... por Dios, ¡Si llegara mi mujer!, bueno mi novia... (La ventaja es que nunca le enseñe a usar armas y lo malo es que sabe gritar a todo pulmón, eso sí le enseñé).
Cierro los ojos un momento para hacer memoria... recuerdo que ayer estaba con mi novia precisamente... Estábamos paseando descalzos en la grama de un jardín inmenso parecido al de sus padres... en una casa coquetona y no muy grande, pero con una vista magnífica. No me gusta visitarlos pero ellos habían encomendado a su hija que de vez en cuando rondara la casa para darle una apariencia de habitada, mientras duraran sus vacaciones.
Pero volviendo al aquí y ahora, estaba... ¿Dónde estaba? Esa era la pregunta millonaria...
Por ahora solo me es claro que anoche he sido victimado, embriagado y seguramente violado por esta belleza de mujer y su vino entrepiernado francés.
Puedo decir sin temor a equivocarme que me he embriagado de amor. Vuelvo a dormir con una bendita paz interior.
- ¡Despierta hombre!. ¡Estamos en la cama de - mis - papas!, ¡Pero que ya van a llegar!.