curriamoroso
Poeta fiel al portal
Inazuma se sentía avergonzado, había caído en desgracia ante su señor; ahora el Shogun le daría sus bienes al damío Arashi, su eterno enemigo. El código Bushido lo obligaba a resolver la situación, como era tradicional. Le consolaba pensar en su bella y joven esposa; nunca le molestaban las risas que ocasionaba su llegada a la corte con ella; por su mucha edad para ser su esposo; sin embargo, aún se conservaba fuerte; con la Katana no había perdido la destreza que lo caracterizaba en las guerras con los otros damíos, en la lucha por el poder; podía correr y hacer sus ejercicios con el arco y hasta sentir grandes pasiones por Kumo, su esposa.
Auchi seguía siendo respetado por todos sus subalternos y estimado por sus superiores.Le gustaba quedarse largo tiempo después del aviso de salida, tomando su té en su cómoda oficina, como era costumbre en todo Japón; ningún empleado de menor jerarquía se iría, hasta tanto su jefe inmediato no se marchara. Todos consideraban la Empresa como su segunda casa. Auchi pensaba que le quedaba unos dos años para su jubilación.
Inazuma se preguntaba el porqué de ese nombre, Kumo (nube), ya que su comportamiento era como la tempestad (Kaminari), cuando se trataba de asuntos amorosos. Pronto llegaría ante ella y le daría la infausta noticia. Su código le exigía el seppuku: de él y toda su casa.
Para Auchi muchas costumbres se han ido perdiendo, pues detrás de la oportuna sonrisa y la leve inclinación, no estaba ya la intención de servir o el respeto jerárquico.Una mañana fue llamado por el Gerente General, aunque la normativa era ser solicitado por el Jefe inmediato; era probable que su estadía en occidente le facilitaría la oportunidad de ser ascendido como asesor en alguna filial de ultramar.
LLegó el momento para Inazuma; Kumo le pedía ser ella su ayudante y después se haría el seppuku. Este se alegró muchísimo; así le daría el último regalo a su amado:su honor.Preparó toda la ceremonia y acordaron realizarla después de la cena: empezaron por el sake casi hasta emborracharse. Paró, beso a Kumo y se arrodilló; invocó a sus antepasados y escribó su Tanka dedicado al amor y a su esposa. Sacó el Wakizashi o daga corta, para él y le entregó a Kumo su Katana. La miró con amor.
Auchi, melancólico, pensaba por qué no le dejaron cumplir su período completo. Se fue a su casa con una amarga sonrisa. Siempre había oído decir allá en occidente que debía saber llevar las cargas pesadas.
Se inclinó hacia adelante y miró, casi con afecto, su Wakizashi; la apretó y se clavó su arma profundamente en el vientre, en el lado izquierdo; luego movió la daga hasta el lado derecho, haciéndola girar dentro de la herida, dio un ligero corte hacia arriba.Sacó su daga. Una expresión de dolor cruzó su cara, pero no profirió ni un sonido.Rápidamente Kumo dio un salto y blandió la Katana en el aire un instante; hubo como un relámpago, un ruido sordo, horrible, el sonido de algo que cae: un solo tajo necesitó para separar la cabeza del cuerpo.
Auchi llegó a su casa y le pidió a su esposa que alejara los niños de los alrededores de la habitación. Se encerró. La detonación hizo correr a la mujer y a los niños. Al abrir lo encontraron con el revólver en la mano.Ella lo miró; él con su sonrisa amarga.
Al otro día Kumo fue recibida con mucha amabilidad por el señor Shogun y una cómplice sonrisa.
Auchi pronto se acostumbraría a la vida apacible del campo, con su mujer e hijos, en su vieja casa de Okinawa.
Auchi seguía siendo respetado por todos sus subalternos y estimado por sus superiores.Le gustaba quedarse largo tiempo después del aviso de salida, tomando su té en su cómoda oficina, como era costumbre en todo Japón; ningún empleado de menor jerarquía se iría, hasta tanto su jefe inmediato no se marchara. Todos consideraban la Empresa como su segunda casa. Auchi pensaba que le quedaba unos dos años para su jubilación.
Inazuma se preguntaba el porqué de ese nombre, Kumo (nube), ya que su comportamiento era como la tempestad (Kaminari), cuando se trataba de asuntos amorosos. Pronto llegaría ante ella y le daría la infausta noticia. Su código le exigía el seppuku: de él y toda su casa.
Para Auchi muchas costumbres se han ido perdiendo, pues detrás de la oportuna sonrisa y la leve inclinación, no estaba ya la intención de servir o el respeto jerárquico.Una mañana fue llamado por el Gerente General, aunque la normativa era ser solicitado por el Jefe inmediato; era probable que su estadía en occidente le facilitaría la oportunidad de ser ascendido como asesor en alguna filial de ultramar.
LLegó el momento para Inazuma; Kumo le pedía ser ella su ayudante y después se haría el seppuku. Este se alegró muchísimo; así le daría el último regalo a su amado:su honor.Preparó toda la ceremonia y acordaron realizarla después de la cena: empezaron por el sake casi hasta emborracharse. Paró, beso a Kumo y se arrodilló; invocó a sus antepasados y escribó su Tanka dedicado al amor y a su esposa. Sacó el Wakizashi o daga corta, para él y le entregó a Kumo su Katana. La miró con amor.
Auchi, melancólico, pensaba por qué no le dejaron cumplir su período completo. Se fue a su casa con una amarga sonrisa. Siempre había oído decir allá en occidente que debía saber llevar las cargas pesadas.
Se inclinó hacia adelante y miró, casi con afecto, su Wakizashi; la apretó y se clavó su arma profundamente en el vientre, en el lado izquierdo; luego movió la daga hasta el lado derecho, haciéndola girar dentro de la herida, dio un ligero corte hacia arriba.Sacó su daga. Una expresión de dolor cruzó su cara, pero no profirió ni un sonido.Rápidamente Kumo dio un salto y blandió la Katana en el aire un instante; hubo como un relámpago, un ruido sordo, horrible, el sonido de algo que cae: un solo tajo necesitó para separar la cabeza del cuerpo.
Auchi llegó a su casa y le pidió a su esposa que alejara los niños de los alrededores de la habitación. Se encerró. La detonación hizo correr a la mujer y a los niños. Al abrir lo encontraron con el revólver en la mano.Ella lo miró; él con su sonrisa amarga.
Al otro día Kumo fue recibida con mucha amabilidad por el señor Shogun y una cómplice sonrisa.
Auchi pronto se acostumbraría a la vida apacible del campo, con su mujer e hijos, en su vieja casa de Okinawa.