Entre aquellos regresos de hondonadas vencidas
entre esas frondosidades que resbalan como melodía
y esa cristalina llovizna del barrio
entre esas cafeteras italianas que sienten el planificar
y el llorar a racimos,
los torreones de perros
y las nubes de costillares de trapo
la sencillez y los bueyes cinéfilos,
el musgo que cae sobre el molino viejo,
los amigos y las manos de la bahía,
y los rosales que sonríen en ese jardín de las sombras buenas.