Pétalos curvilíneos. Expandiéndose hacia los cuatro puntos cardinales de tu negro corazón. ¡ Oh ! rosa negra. Tu encanto levantino despierta el tallo perfumado de un iris con color azulado. Eres la quinta esencia beatífica de las flores diurnas; que Apolo escoge para trenzar su inmortal corona de poeta eterno. ¡ Oh ! rosa negra. Eres la lys lustrosa. Que, con magna maguncia, sirve de alimento al unicornio alado de la gran Minerva. Flotas sobre el verdín; rociado con alcohol y maná del cielo sordo y mudo. Despliegas tu supina sapiencia en candor oliváceo. E hipnotizas con tu brillo mesmérico al Adán terrestre. Eres más atractiva que el rojizo manzano del Edén desierto ya. ¡ Oh ! rosa negra. Por tí, los hombres tomaron la Jerusalén turca. Y entraron en el sepulcro del Señor. Para orar, y encandilar con salmodias de tu tierna infancia el summum esse de tu nacimiento entre rocas de cascadas prohibidas. ¡ Oh ! rosa negra. El ángel de la muerte sucumbe ante tu mortífera presencia. Por eso, ¡ oh ! rosa negra eres por siempre el tapiz mortuorio del Caballero enamorado de Olmedo.