La pasión llama a mi puerta,
el miedo, asustado e ignorante
cierra rejas, encarcela estrellas
que asoman por mis dos ventanas,
que a mi corazón acechan,
que turban mi sangre.
Mis venas: deseosas mechas,
ansiosas por prender fuego,
por curar penas de mi mente,
y de mi frente cerrar brechas.
Por calentar mi pecho roto.
Al fin encienden, desde los dedos
de mis pies ascienden
como ígneas serpientes,
en busca de mi corazón ignoto.
Ávidas fieras que devoran
la escarcha de mi cuerpo,
que vibran mi piel
y cada vello convierten en ciprés.
Hasta el olvidado aliento
vuelve a florecer.
Ya creía que el alimento
de mi vida era la hiel.
¡Ya llegan! escupiendo lava,
convirtiendo mi lago congelado
en ríos bravos,enfurecidos mares
que hasta Poseidón considera milagro.
¡Están aquí! Ardientes sierpes
que abrazan y muerden
mi corazón inerte.
Quieren despertarlo
de su agrio sueño.
No, de un glaciar milenario
no puedes hacer un volcán, no.
Demasiadas lágrimas heladas
se han volcado en esa montaña,
esa montaña primaveral
que toda ave ansiaba anidar.
Agua escarlata escapa.
Ahora sólo los lobos osan
beber de ese manantial
que fluye desde las cuevas
más profundas del glaciar.
Pequeño manantial carmesí,
supura lentamente,cálida
y espesa sangre que hay en mí.
Sólo para mí.
el miedo, asustado e ignorante
cierra rejas, encarcela estrellas
que asoman por mis dos ventanas,
que a mi corazón acechan,
que turban mi sangre.
Mis venas: deseosas mechas,
ansiosas por prender fuego,
por curar penas de mi mente,
y de mi frente cerrar brechas.
Por calentar mi pecho roto.
Al fin encienden, desde los dedos
de mis pies ascienden
como ígneas serpientes,
en busca de mi corazón ignoto.
Ávidas fieras que devoran
la escarcha de mi cuerpo,
que vibran mi piel
y cada vello convierten en ciprés.
Hasta el olvidado aliento
vuelve a florecer.
Ya creía que el alimento
de mi vida era la hiel.
¡Ya llegan! escupiendo lava,
convirtiendo mi lago congelado
en ríos bravos,enfurecidos mares
que hasta Poseidón considera milagro.
¡Están aquí! Ardientes sierpes
que abrazan y muerden
mi corazón inerte.
Quieren despertarlo
de su agrio sueño.
No, de un glaciar milenario
no puedes hacer un volcán, no.
Demasiadas lágrimas heladas
se han volcado en esa montaña,
esa montaña primaveral
que toda ave ansiaba anidar.
Agua escarlata escapa.
Ahora sólo los lobos osan
beber de ese manantial
que fluye desde las cuevas
más profundas del glaciar.
Pequeño manantial carmesí,
supura lentamente,cálida
y espesa sangre que hay en mí.
Sólo para mí.
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