Sigfrid
Poeta recién llegado
Un gato negro,
un alarido lanzado,
el graznido de un cuervo;
la noche ha comenzado.
Salen así los muertos,
abandonan el eterno letargo;
en su estado descompuesto,
al mundo han regresado.
Unos ya sin ojos,
otros ya sin dientes;
cargan amores u odios,
como penas en sus mentes.
Unos en estado de putrefacción,
buscan saciar su hambre;
con lo que haya a su alrededor,
no importa el tipo de carne.
Otros en huesos danzan,
marcando el ritmo de la noche;
y cuando su baile acaba,
buscan la tierra que los acoge.
Un profundo silencio,
una risa macabra...
ese olor a muerto,
el final del rito marca.
un alarido lanzado,
el graznido de un cuervo;
la noche ha comenzado.
Salen así los muertos,
abandonan el eterno letargo;
en su estado descompuesto,
al mundo han regresado.
Unos ya sin ojos,
otros ya sin dientes;
cargan amores u odios,
como penas en sus mentes.
Unos en estado de putrefacción,
buscan saciar su hambre;
con lo que haya a su alrededor,
no importa el tipo de carne.
Otros en huesos danzan,
marcando el ritmo de la noche;
y cuando su baile acaba,
buscan la tierra que los acoge.
Un profundo silencio,
una risa macabra...
ese olor a muerto,
el final del rito marca.