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Resultado Final

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Ved aquí unas manos de hombre volando,
unos labios masculinos naciendo,
cómo alumbran sus ojos en la noche,
el brillo de su mirada, su fuego,
las estatuas con vida que regresan
desde todas las muertes que le dieron,
las luciérnagas con sus lenguas rojas
escondidas dentro de los espejos,
el llanto que cobijan las cárceles,
la luna pálida en el firmamento.
Ahora os esperaré descansando
en los sinuosos caminos del reino
mientras las aves de la muerte emigran
desde sus tumbas de polvo a mi sueño.
No existe nada que cante o respire
tan solo la muerte entona en mi pecho
las tonadas de la hojarasca seca,
la humedad de la llovizna en los cedros
cerrando el círculo que abrió la vida,
mi adiós final para el sepulturero
que con la palada final de tierra
me deja en las tinieblas con su aliento
que huele a lirios, ortigas y aguardiente,
a la hierba que me niega su secreto
y una araña me encadena en sus hilos
y recostado en la soledad duermo.


Eladio Parreño Elías

14-Octubre-2013



Tiempo sin leerte Eladio...
La soledad suele ser tétrica para algunos... para otros, a veces es mejor que los bultos al pedo.
Besos
 
Inicias este poema con metáforas que, por acertadas, me otorgaron la libertad para viajar con ganas hacia los siguientes versos, traspasado este inicio, el poema se me mostró un tanto rígido y predecible, pero aún así, es innegable la belleza que habita en tu composición; te felicito.
Por fortuna, siempre cabe la incógnita ? sobre el después que nos espera... quien sabe si el paso adelante no comporta soledad, nada absoluta y vacío. Quien sabe si el cruzar el umbral significa sincronizar con la verdadera unidad y ser conscientes de las similitudes que antes ni veíamos.
te saludo
 
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Ved aquí unas manos de hombre volando,
unos labios masculinos naciendo,
cómo alumbran sus ojos en la noche,
el brillo de su mirada, su fuego,
las estatuas con vida que regresan
desde todas las muertes que le dieron,
las luciérnagas con sus lenguas rojas
escondidas dentro de los espejos,
el llanto que cobijan las cárceles,
la luna pálida en el firmamento.
Ahora os esperaré descansando
en los sinuosos caminos del reino
mientras las aves de la muerte emigran
desde sus tumbas de polvo a mi sueño.
No existe nada que cante o respire
tan solo la muerte entona en mi pecho
las tonadas de la hojarasca seca,
la humedad de la llovizna en los cedros
cerrando el círculo que abrió la vida,
mi adiós final para el sepulturero
que con la palada final de tierra
me deja en las tinieblas con su aliento
que huele a lirios, ortigas y aguardiente,
a la hierba que me niega su secreto
y una araña me encadena en sus hilos
y recostado en la soledad duermo.

Eladio Parreño Elías

14-Octubre-2013
Triste e impactante poema que a ningún lector dejará indiferente, Eladio.
A mí me ha gustado mucho su fuerza dramática y ese lúgubre paisaje que pintas para expresar la idea de la muerte.
Un abrazo, amigo.
 
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Ved aquí unas manos de hombre volando,
unos labios masculinos naciendo,
cómo alumbran sus ojos en la noche,
el brillo de su mirada, su fuego,
las estatuas con vida que regresan
desde todas las muertes que le dieron,
las luciérnagas con sus lenguas rojas
escondidas dentro de los espejos,
el llanto que cobijan las cárceles,
la luna pálida en el firmamento.
Ahora os esperaré descansando
en los sinuosos caminos del reino
mientras las aves de la muerte emigran
desde sus tumbas de polvo a mi sueño.
No existe nada que cante o respire
tan solo la muerte entona en mi pecho
las tonadas de la hojarasca seca,
la humedad de la llovizna en los cedros
cerrando el círculo que abrió la vida,
mi adiós final para el sepulturero
que con la palada final de tierra
me deja en las tinieblas con su aliento
que huele a lirios, ortigas y aguardiente,
a la hierba que me niega su secreto
y una araña me encadena en sus hilos
y recostado en la soledad duermo.

Eladio Parreño Elías

14-Octubre-2013

Vaya mi estimado Eladio si que esta tragico y triste este momento, hay veces que pienso que la vida es un sueño en el que no he terminado de nacer, desde ese angulo no se mira tan triste, un fuerte abraso hermano.
 
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Ved aquí unas manos de hombre volando,
unos labios masculinos naciendo,
cómo alumbran sus ojos en la noche,
el brillo de su mirada, su fuego,
las estatuas con vida que regresan
desde todas las muertes que le dieron,
las luciérnagas con sus lenguas rojas
escondidas dentro de los espejos,
el llanto que cobijan las cárceles,
la luna pálida en el firmamento.
Ahora os esperaré descansando
en los sinuosos caminos del reino
mientras las aves de la muerte emigran
desde sus tumbas de polvo a mi sueño.
No existe nada que cante o respire
tan solo la muerte entona en mi pecho
las tonadas de la hojarasca seca,
la humedad de la llovizna en los cedros
cerrando el círculo que abrió la vida,
mi adiós final para el sepulturero
que con la palada final de tierra
me deja en las tinieblas con su aliento
que huele a lirios, ortigas y aguardiente,
a la hierba que me niega su secreto
y una araña me encadena en sus hilos
y recostado en la soledad duermo.

Eladio Parreño Elías

14-Octubre-2013
A pesar del tema tan oscuro y triste que tocas, aunque inevitable para cualquier ser vivo, me ha parecido bellísimo, has dibujado tan bien el panorama que se podía ver y sentir todo lo que cuentas tan maravillosamente. Un beso...Ah, y menos mal que te he encontrado... ¡que lío me hago todavía, jajaja!
 
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Ved aquí unas manos de hombre volando,
unos labios masculinos naciendo,
cómo alumbran sus ojos en la noche,
el brillo de su mirada, su fuego,
las estatuas con vida que regresan
desde todas las muertes que le dieron,
las luciérnagas con sus lenguas rojas
escondidas dentro de los espejos,
el llanto que cobijan las cárceles,
la luna pálida en el firmamento.
Ahora os esperaré descansando
en los sinuosos caminos del reino
mientras las aves de la muerte emigran
desde sus tumbas de polvo a mi sueño.
No existe nada que cante o respire
tan solo la muerte entona en mi pecho
las tonadas de la hojarasca seca,
la humedad de la llovizna en los cedros
cerrando el círculo que abrió la vida,
mi adiós final para el sepulturero
que con la palada final de tierra
me deja en las tinieblas con su aliento
que huele a lirios, ortigas y aguardiente,
a la hierba que me niega su secreto
y una araña me encadena en sus hilos
y recostado en la soledad duermo.

Eladio Parreño Elías

14-Octubre-2013
¡Mago Eladio! No tengo palabras para agradecerte tanto, espero te llegue la intensidad de mi emoción al leerte, siempre brillante, siempre la excelencia de tu pluma amigo ¡Abrabesos!
 
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