dark-maiden
Poeta fiel al portal
Noche sombría de inquietud y zozobra.
Noche de zambra ante los solos de tu guitarra.
Noche de martirio, contemplando el rostro de otra.
Noche nostálgica, esmaltada de oro y tinieblas.
Amando a escondidas a un ídolo mediterráneo.
Susurrando en los portales que me avisen de tu vuelta.
Mendigando limosna de amores, ante una tumba
miserablemente envuelta por licores y alquitranes.
Invocando a las alturas,
que mi idealización persista.
Buscando un hechicero que me robe la esperanza
y me devuelva mi sed de templanza.
Cantando ante un rostro nunca besado.
Hablándole a un oído que nunca me ha escuchado.
Contando los minutos para saber que siente por
mí, quien nunca me ha despreciado.
Tu utopía era un paisaje desértico
engalanado de lluvias ácidas.
Situación atmosférica convulsa,
tu estado sentimental y tu máscara.
Sintiendo tristeza por la idea que ya no tengo.
Comprando soberbia porque tu humildad
era una farsa cubierta por el pálido rostro
de la pureza y la fiereza.
Arquetipo del arlequín, nunca debí confiar
en tus instintos fugaces, ávidos de misterios.
Arquetipo del mimo, nunca debí confiar
en tu metafórico silencio.
Noche de enterrar tus ecos de arena.
Noche de dar tregua a tu voz en la penumbra.
Noche de apagar la luz ante una obra
que ya no será la mía.
Te creí astronauta de mundos remotos,
un audaz corsario en mares de hollín.
Esta noche tu piano solo enarbola
pensamientos de hombre común.
Caballero de alta cuna, que concluyó
perdiendo sus tierras, viajando tan
solo con su poesía y su armónica.
Noche en la que tu máscara
se convierte en escafandra.
Noche en la que tu nombre
quedará encerrado en la partitura.
Me vendiste el mito de la caverna solitaria,
una celda de plata lacada donde el amor
se asomaba con vigilia y cautela.
Vanitas vanitatis.
El proverbio que tú mismo rediseñaste.
Noche en la que tu farsa se desvela.
Noche en la que tu alcoba se arrodilla ante otra.
Noche en la que tu musa cobra forma:
el espejo donde mi fantasía
se rinde ante mi propia derrota.
Noche de zambra ante los solos de tu guitarra.
Noche de martirio, contemplando el rostro de otra.
Noche nostálgica, esmaltada de oro y tinieblas.
Amando a escondidas a un ídolo mediterráneo.
Susurrando en los portales que me avisen de tu vuelta.
Mendigando limosna de amores, ante una tumba
miserablemente envuelta por licores y alquitranes.
Invocando a las alturas,
que mi idealización persista.
Buscando un hechicero que me robe la esperanza
y me devuelva mi sed de templanza.
Cantando ante un rostro nunca besado.
Hablándole a un oído que nunca me ha escuchado.
Contando los minutos para saber que siente por
mí, quien nunca me ha despreciado.
Tu utopía era un paisaje desértico
engalanado de lluvias ácidas.
Situación atmosférica convulsa,
tu estado sentimental y tu máscara.
Sintiendo tristeza por la idea que ya no tengo.
Comprando soberbia porque tu humildad
era una farsa cubierta por el pálido rostro
de la pureza y la fiereza.
Arquetipo del arlequín, nunca debí confiar
en tus instintos fugaces, ávidos de misterios.
Arquetipo del mimo, nunca debí confiar
en tu metafórico silencio.
Noche de enterrar tus ecos de arena.
Noche de dar tregua a tu voz en la penumbra.
Noche de apagar la luz ante una obra
que ya no será la mía.
Te creí astronauta de mundos remotos,
un audaz corsario en mares de hollín.
Esta noche tu piano solo enarbola
pensamientos de hombre común.
Caballero de alta cuna, que concluyó
perdiendo sus tierras, viajando tan
solo con su poesía y su armónica.
Noche en la que tu máscara
se convierte en escafandra.
Noche en la que tu nombre
quedará encerrado en la partitura.
Me vendiste el mito de la caverna solitaria,
una celda de plata lacada donde el amor
se asomaba con vigilia y cautela.
Vanitas vanitatis.
El proverbio que tú mismo rediseñaste.
Noche en la que tu farsa se desvela.
Noche en la que tu alcoba se arrodilla ante otra.
Noche en la que tu musa cobra forma:
el espejo donde mi fantasía
se rinde ante mi propia derrota.
Última edición: