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Rendición urbana-.

BEN.

Poeta que considera el portal su segunda casa
El cansancio fluye como fiebre entre decibelios,

emite un sucumbir de aciagos oráculos y mitones

desprevenidos, cumple entre los pájaros su circuito

del pan y circo,

y observa desde la lejanía los cánticos lúgubres de oficina

y mansedumbre. Es que voy cayendo por los laterales

de las iglesias, por los laberintos de la luz tamizada,

llenando de oscuros presagios mi rendición urbana.

Cobertor que abrasa en un lamento de operaciones matemáticas

y en la distancia mi circulación de lluvias y árboles ácidos.

No sé. Distribuyo los panes con los peces, las agonías

suspendidas de los cadáveres, y ese sustento que, imprescindible,

repercute en la fragancia de un tronco agusanado.

El cuero evita la humedad de los astros, su aposento

de luz y cavidades, mientras en los fuegos noctámbulos,

dentro de los glaciares herméticos, el sueño produce

fiestas de pistolas.

Yo vago indeciso por calles y callejones, derribando

algún que otro rostro de admitida belleza escultural, y ese llanto, y esas lágrimas,

renacidas, copian la luz de las estatuas en sombra.
 
El cansancio fluye como fiebre entre decibelios,

emite un sucumbir de aciagos oráculos y mitones

desprevenidos, cumple entre los pájaros su circuito

del pan y circo,

y observa desde la lejanía los cánticos lúgubres de oficina

y mansedumbre. Es que voy cayendo por los laterales

de las iglesias, por los laberintos de la luz tamizada,

llenando de oscuros presagios mi rendición urbana.

Cobertor que abrasa en un lamento de operaciones matemáticas

y en la distancia mi circulación de lluvias y árboles ácidos.

No sé. Distribuyo los panes con los peces, las agonías

suspendidas de los cadáveres, y ese sustento que, imprescindible,

repercute en la fragancia de un tronco agusanado.

El cuero evita la humedad de los astros, su aposento

de luz y cavidades, mientras en los fuegos noctámbulos,

dentro de los glaciares herméticos, el sueño produce

fiestas de pistolas.

Yo vago indeciso por calles y callejones, derribando

algún que otro rostro de admitida belleza escultural, y ese llanto, y esas lágrimas,

renacidas, copian la luz de las estatuas en sombra.
Son imágenes tan intrincadas (en el buen sentido) que transmiten pero te dejan sin un claro hilo conductor como para dejar una respuesta que más menos las interprete.
Un abrazo, BEN.
 
Son imágenes tan intrincadas (en el buen sentido) que transmiten pero te dejan sin un claro hilo conductor como para dejar una respuesta que más menos las interprete.
Un abrazo, BEN.


Gracias Good, quizás tengas razón, en lo que dices, a veces quiero y me empeño en hacerlos muy complicados, para no desvelar detalles personales. Un abrazo fuerte!!
 
El cansancio fluye como fiebre entre decibelios,

emite un sucumbir de aciagos oráculos y mitones

desprevenidos, cumple entre los pájaros su circuito

del pan y circo,

y observa desde la lejanía los cánticos lúgubres de oficina

y mansedumbre. Es que voy cayendo por los laterales

de las iglesias, por los laberintos de la luz tamizada,

llenando de oscuros presagios mi rendición urbana.

Cobertor que abrasa en un lamento de operaciones matemáticas

y en la distancia mi circulación de lluvias y árboles ácidos.

No sé. Distribuyo los panes con los peces, las agonías

suspendidas de los cadáveres, y ese sustento que, imprescindible,

repercute en la fragancia de un tronco agusanado.

El cuero evita la humedad de los astros, su aposento

de luz y cavidades, mientras en los fuegos noctámbulos,

dentro de los glaciares herméticos, el sueño produce

fiestas de pistolas.

Yo vago indeciso por calles y callejones, derribando

algún que otro rostro de admitida belleza escultural, y ese llanto, y esas lágrimas,

renacidas, copian la luz de las estatuas en sombra.

Excelente poema amigo Ben, una estupenda lectura, enhorabuena. Un abrazo, que tengas estupendos días.
 
El cansancio fluye como fiebre entre decibelios,

emite un sucumbir de aciagos oráculos y mitones

desprevenidos, cumple entre los pájaros su circuito

del pan y circo,

y observa desde la lejanía los cánticos lúgubres de oficina

y mansedumbre. Es que voy cayendo por los laterales

de las iglesias, por los laberintos de la luz tamizada,

llenando de oscuros presagios mi rendición urbana.

Cobertor que abrasa en un lamento de operaciones matemáticas

y en la distancia mi circulación de lluvias y árboles ácidos.

No sé. Distribuyo los panes con los peces, las agonías

suspendidas de los cadáveres, y ese sustento que, imprescindible,

repercute en la fragancia de un tronco agusanado.

El cuero evita la humedad de los astros, su aposento

de luz y cavidades, mientras en los fuegos noctámbulos,

dentro de los glaciares herméticos, el sueño produce

fiestas de pistolas.

Yo vago indeciso por calles y callejones, derribando

algún que otro rostro de admitida belleza escultural, y ese llanto, y esas lágrimas,

renacidas, copian la luz de las estatuas en sombra.
Indecisiones en esos cansancios donde las sombras son como un sucumbir
frente a las formas y asi remarcar esos agasajos que eran reflejos engañosos
en el existir. me ha gustado. saludos amables de luzyabsenta
 
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