danie
solo un pensamiento...
Caen maduras las sombras taciturnas de los vestigios
que dividieron la aurora y su apología,
mientras me laceran las letanías
de un tifón noctívago,
mientras se dilapidan los linajes
en el crepúsculo de una sordidez balsámica,
hálito de la muerte y su hoz acariciando mis suspiros.
Caen los ángeles de un vergel,
caen sobre la cúspide del averno,
mientras veo como se malgasta la obscuridad
sobre el secreto de la grafía;
caen como un puñal hacia mi escueto pecho,
caen mientras aún respiro,
es que cae la vidorria existencial de la consciencia perdida.
Busco un vocablo abandonado en el silente de mi bramido,
sobre los piélagos de la razón,
en el céfiro de una peregrina expectativa,
en los terruños del ámbito calamitoso
de miles de paganos, desterrados y lascivos;
busco la simbología de la escritura
y su ambiguo pasado en sus ruinas,
busco errante la clemencia
de los tótems macizos de la soledad
y su inquietud perenne de la vigilia.
Es que busco y no encuentro el camino.
Es que busco en la reminiscencia de mi mente
a quien una vez fue solemne y devoto a la cruz y si hidalguía.
Como una agrura en la arista del precipicio,
me acerco a un creador que divisa la bruma en el letargo del poniente,
me acerco y observo sus ojos fulminantes sobre mi aposento,
sobre este cuerpo y las mazmorras de piel y huesos,
despojadas de todos reconcomios y sentimientos,
me acerca a Dios y su vigía, el de las lunas crecientes
y sus huellas sobre los residuos de una humanidad agonizante
Y me musito inmediatamente:
No poseemos el juicio y la madurez para amar con sosiego
Oh, sí entendiéramos la verdad
como con la bonanza con la que pecamos
estoicamente, sobre estas vastas potestades desoladas.
¡Es que nos acercamos a Dios, mientras nuestro aliado es el diablo,
pobres mortales que no conocen su imperecedera suerte!