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Relatos de la cortina I

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Poeta recién llegado

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Relatos de la Cortina I
Albita


El cielo estaba gris y el viento persistente la desanimaba a efectuar cualquier salida. Lucía estaba decidida a finalizar ese libro, que había retomado tantas veces y siempre quedaba en el olvido. Acomodó las almohadas, encendió la radio y comenzó a leer.


Sonó el portero eléctrico y en minutos el living y su dormitorio se polblaron de risas. Había llegado Albita.


Albita había cursado el colegio con su hija desde los dos años. Desde ese entonces, habían compartido cumpleaños, piyamas parties y vacaciones juntas. Acostumbrada desde muy chica a comer y dormir en la casa de Lucía su familiaridad con ella, era absoluta . Era bonita, delgada y tenía ojos marrones enmarcados por cejas finas y arqueadas. Su boca era aún infantil pero su mentón demostraba la desición que la caracterizaba.


Las amigas habían cumplido los trece años y habían empezado juntas la aventura del secundario.


Invadieron el dormitorio, acamparon en la cama grande con sus guitarras, apagaron la música y comenzaron a hacer sonar las primeras notas. Habían aprendido de matices y poco a poco intentaban una conversación entre las dos guitarras. Dejó de leer cuando sonaron las primeras notas de Yestarday de Los Beatles. Se unió al canto de la chicas y de tanto en tanto una carcajaba de ellas remarcaba que Lucía había equivocado el tono o la letra. Se fueron sucediendo las canciones y nuevas tablaturas y letras poblaron la cama.


La música dejó paso a las anécdotas del colegio y Lucía se enteró de los sobrenombres de compañeros, padres y profesores. Retomaron las guitarras y repentinamente Alba se iterrumpió.

Sabés Lucía, cuando era chica, creía que esa canción que dice “...sacá la mano Antonio que mamá esta en cocina..” quería decir otra cosa. - Su cara tenía una expresión pícara, sus ojos brillaban y otra sonrisa, una nueva, se dibujaba en su boca-
- ¿Y qué creías que quería decir? - Preguntó Lucía-
- Creía que Antonio se estaba robando las galletitas de la lata de galletitas en la cocina y la mamá lo iba descubrir.
- ¿Y ahora cómo sabés que quiere dicir otra cosa? - Preguntó Lucía mientras contenía la risa. La letra de la canción hacía alución a caricias, quizás más aventuradas que las permitidas socialmente.-
- Porque soy más grande.
- ¿Entonces cuando cumplas quince años, la canción va querer decir otra cosa? - Le tendía malévomente, una trampa-


Albita la miró, hizo un mohín y haciéndose la distraída empezó a rasgar su guitarra. No sabía qué contestar.

- Esto me recuerda el chiste de la araña. -Dijo Lucía. Las amigas alzaron las cabezas, esperando encontrar otra intepretación secreta a la letra-
-Un científico alemán, se presenta frente un auditorio, dispuesto a hacer un experimiento.
Deposita una araña sobre el pupitre y le ordena: Araña, camina. Y la araña recorre el pupitre. Le corta una de las patas, y le vuelve a ordenar a la araña: Araña, camina. Y la araña camina, de este modo repite el experimiento hasta que le corta las ocho patas a la araña. Entonces, el científico le vuelve a ordenar: Araña, camina. La araña ya no camina.
El científico mira al auditorio y con una sonrisa de satisfacción concluye: ¡Si se le cortan todas las patas a una araña, la araña se queda sorda!


Las tres se rieron, y volvieron a reirse.

Lucía se emociónó con sus miradas y al mismo tiempo temió por ellas. Estaban creciendo y querría ahorrarles cualquier dolor y todas las angustias futuras. Devolverlas al seno materno, donde estuvieran tibias y protegidas.
Seguramente, leerían y releerían las miradas de su amor en el futuro, encontrando en ellas un significado distinto cada día o las notas de otras voces y guitarras serían más dulces o agrias bajo la luz de las emociones vividas.
Quizás extrañarían la inocencia de su mirada al conocer el mezquindad o siendo abuelas reconocerían que la verdad no existía.
Dudó de si misma.
 
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