REFLEXIÓN DESDE EL ACANTILADO
Repica en la montaña la violácea campana del ocaso
llegan hasta mí sus ecos muertos
como hojas arrastradas por el viento
entre breñas y cascajos
Me gusta meditar sobre la vida
y su fatal consecuencia que es la muerte
asomado al precipio a cuyo pie
mueren las olas en su obsesión suicida
Al fondo el horizonte se ilumina
con la última sonrisa de la tarde
un barco vuelve con su suave balanceo
trayendo en peces muertos placer de vida
Es la vida y su fluir inexorable hacia la muerte
Pero es bello disfrutarlo
saberse poseedor de otros minutos
inmerecidos regalos de algún dios que me contempla
Cada amanecer es una caricia nueva
que el sol nos deja en la mejilla y en la frente
caricias como el sonoro despertar del mirlo
como el húmedo beso del rocío a la flor
Y desde el alto precipio, sobre el mar en calma
la vida se me representa como la ola que rompe
como esa efímera espuma tan hermosa
que nace y muere en la nada.
“La gran ola”. Hokusai
Repica en la montaña la violácea campana del ocaso
llegan hasta mí sus ecos muertos
como hojas arrastradas por el viento
entre breñas y cascajos
Me gusta meditar sobre la vida
y su fatal consecuencia que es la muerte
asomado al precipio a cuyo pie
mueren las olas en su obsesión suicida
Al fondo el horizonte se ilumina
con la última sonrisa de la tarde
un barco vuelve con su suave balanceo
trayendo en peces muertos placer de vida
Es la vida y su fluir inexorable hacia la muerte
Pero es bello disfrutarlo
saberse poseedor de otros minutos
inmerecidos regalos de algún dios que me contempla
Cada amanecer es una caricia nueva
que el sol nos deja en la mejilla y en la frente
caricias como el sonoro despertar del mirlo
como el húmedo beso del rocío a la flor
Y desde el alto precipio, sobre el mar en calma
la vida se me representa como la ola que rompe
como esa efímera espuma tan hermosa
que nace y muere en la nada.
“La gran ola”. Hokusai