IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Cuando sus canciones
sean fomento de muerte,
y las estrellas espacios negros
de tosca existencia,
cuando las laceraciones sean cadáver,
irreconocible será la vida,
aturdida de sollozos,
el silencio es una muerte más,
entre espejos destrozados,
bailan mis lágrimas con mi tiempo,
parece ser
que la muerte me ha encontrado,
entre sombras quietas,
se desangra mi estela,
cayendo muy por debajo de mi orgullo,
alcanzando mi depresiva senectud,
la cruel manera que tiene la vida
de volvernos sabios,
debajo de la tumba solo habrán promesas,
que como rosas se degradan,
aún me agradan sus certezas,
tan inalcanzables,
tan provistas de esperanzas,
tanto, que no hay dios que al destino le crea,
porque lo divino se creó para dominarnos,
inducidos a un umbral de gracia y perdón,
no hay razón que calme
la ambición de aquellos
que quieren ser destellos por siempre,
la desidia del creador carcome su voluntad,
y no hay ser ni ente que escape del final,
pensamientos se funden con mi carne,
no hay cuerpo que aguante
al sol salir por sus pulmones,
mi suspiro es áspero y último,
y ella se va,
tan oscura como cualquier ceguera,
que me ata a su manera,
de entre tantas formas de morir,
posiblemente la nada será
más vacío que sombra,
más blanca que cualquier verdad,
más pulcra que la eternidad,
porque no hay vida
sin inexistencia.
sean fomento de muerte,
y las estrellas espacios negros
de tosca existencia,
cuando las laceraciones sean cadáver,
irreconocible será la vida,
aturdida de sollozos,
el silencio es una muerte más,
entre espejos destrozados,
bailan mis lágrimas con mi tiempo,
parece ser
que la muerte me ha encontrado,
entre sombras quietas,
se desangra mi estela,
cayendo muy por debajo de mi orgullo,
alcanzando mi depresiva senectud,
la cruel manera que tiene la vida
de volvernos sabios,
debajo de la tumba solo habrán promesas,
que como rosas se degradan,
aún me agradan sus certezas,
tan inalcanzables,
tan provistas de esperanzas,
tanto, que no hay dios que al destino le crea,
porque lo divino se creó para dominarnos,
inducidos a un umbral de gracia y perdón,
no hay razón que calme
la ambición de aquellos
que quieren ser destellos por siempre,
la desidia del creador carcome su voluntad,
y no hay ser ni ente que escape del final,
pensamientos se funden con mi carne,
no hay cuerpo que aguante
al sol salir por sus pulmones,
mi suspiro es áspero y último,
y ella se va,
tan oscura como cualquier ceguera,
que me ata a su manera,
de entre tantas formas de morir,
posiblemente la nada será
más vacío que sombra,
más blanca que cualquier verdad,
más pulcra que la eternidad,
porque no hay vida
sin inexistencia.