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Recuerdo otoñal.

PAIRO

Poeta recién llegado
II

Recuerdo otoñal.


Es otoño… Y las hojas secas se revolotean en el cantar del vaivén, vistiendo los bosques con tonos ocres y bañando las copas con el aroma otoñal. En el migrar de las aves, se percibe el acortar de los días, que presagia a la distancia el comenzar inclemente de aquel recuerdo en mi mente.
Escucho tu voz en el llegar de noviembre, en el manantial naciente del peñasco acaudalado, donde en alba creciente con tus manos a mi espalda, me dijiste en voz discreta, que tu alma mía era y que tu dicha yo lo era. Afortunado me sentí querida Emma, de ver que mi anhelo añorado se cumplía para el ocaso, por que en la avecinada noche, con estrellas por testigo, te entregaría toda mi vida, sin recelo del olvido.
Al terminar el ritual, la noche se nos convirtio en cabaña, cuyo aroma a madera encendía las velas de nuestras almas y con tu mano tomada, te mire tras de tu sombra, para mirar en tu rostro, la belleza de la luna.
Y así cumplida la noche mi querida Emma, en el suspirar de aquello que se siente tenue, pero que nunca se olvida, probé de tus labios miel y de tus manos caricias, de tu sonrisa el sonido de las alegres sirenas, y conocí de tu piel, el roce, que se siente de las flores y de tus besos de miel, el tocar de todo ángel.
Cuando nos alcanzo el rocío, ya mi vida, era tuya y supe que en la eternidad, si primero me alcanzaba, te esperaría sin demora, mi querida alondra.
A la mañana siguiente mi semblante era indeleble, había conquistado el mundo y un futuro inesperado, y al abrazo de tu cuerpo me imaginaba lo incierto, de mi vida sin tu abrazo, como si hacinará el miedo, de perder lo conseguido. Pero en estas circunstancias ese miedo no valía, pues la vida incomprensible no se entiende, sin vivirla.
Mi recuerdo de ese otoño es tesoro que ahora añoro, es la vida que recuerdo y el esbozo que protejo. No me lo arranco la muerte, me lo regalo la vida, un destino que adore y que espero vuelva a ver.
Hoy desde la eternidad te pienso… y te espero en las horas que no existen, en el tiempo que no marca horas y en la espera que no tiene fin. Desde aquí espero paciente, tu llegada mi Emma amada, sin calvario, ni penumbra, con tan solo la esperanza, de que termine la espera…

(continua)...
 
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II

Recuerdo otoñal.


Es otoño… Y las hojas secas se revolotean en el cantar del vaivén, vistiendo los bosques con tonos ocres y bañando las copas con el aroma otoñal. En el migrar de las aves, se percibe el acortar de los días, que presagia a la distancia el comenzar inclemente de aquel recuerdo en mi mente.
Escucho tu voz en el llegar de noviembre, en el manantial naciente del peñasco acaudalado, donde en alba creciente con tus manos a mi espalda, me dijiste en voz discreta, que tu alma mía era y que tu dicha yo lo era. Afortunado me sentí querida Emma, de ver que mi anhelo añorado se cumplía para el ocaso, por que en la avecinada noche, con estrellas por testigo, te entregaría toda mi vida, sin recelo del olvido.
Al terminar el ritual, la noche se nos convirtio en cabaña, cuyo aroma a madera encendía las velas de nuestras almas y con tu mano tomada, te mire tras de tu sombra, para mirar en tu rostro, la belleza de la luna.
Y así cumplida la noche mi querida Emma, en el suspirar de aquello que se siente tenue, pero que nunca se olvida, probé de tus labios miel y de tus manos caricias, de tu sonrisa el sonido de las alegres sirenas, y conocí de tu piel, el roce, que se siente de las flores y de tus besos de miel, el tocar de todo ángel.
Cuando nos alcanzo el rocío, ya mi vida, era tuya y supe que en la eternidad, si primero me alcanzaba, te esperaría sin demora, mi querida alondra.
A la mañana siguiente mi semblante era indeleble, había conquistado el mundo y un futuro inesperado, y al abrazo de tu cuerpo me imaginaba lo incierto, de mi vida sin tu abrazo, como si hacinará el miedo, de perder lo conseguido. Pero en estas circunstancias ese miedo no valía, pues la vida incomprensible no se entiende, sin vivirla.
Mi recuerdo de ese otoño es tesoro que ahora añoro, es la vida que recuerdo y el esbozo que protejo. No me lo arranco la muerte, me lo regalo la vida, un destino que adore y que espero vuelva a ver.
Hoy desde la eternidad te pienso… y te espero en las horas que no existen, en el tiempo que no marca horas y en la espera que no tiene fin. Desde aquí espero paciente, tu llegada mi Emma amada, sin calvario, ni penumbra, con tan solo la esperanza, de que termine la espera…

(continua)...


PAIRO paisanoooooo!!!!!!!! me has arrancado suspiros con ese recuerdo otonal (espero que conserves a Ema) y seas feliz porque el amor que has dejado aqui en tu escrito es maravilloso , lo disfrute saludos y abrazos
 
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