Starsev Ionich
Poeta asiduo al portal
Recomendación
Presillas adornadas con colores rimbombantes
cuelgan como micos fascistas en los egos de la gente.
Cuando los adornos que decora la piel
se tatuan como sangre,
se ignora que podríamos ser lo mismo en una lúgubre fosa común,
que fuimos lo mismo en el apabullante chillar de la salas de incubación;
a pesar del grosor del polvo que nos separa.
¿Por qué el hombre con estatus
olvida agradecer y pisotea un jardín qué desangra sus aromas?
¿Por qué no volvernos un amasijo humeante de fraternidad?
Las utopías se desinflan como un globo inmigrante lleno de ira y olvido.
Hechar tierra a otro para trascender se ha convertido en mácula y oración: tu limpias el polvo y yo medito...
Desconociendo que el otro puede crear, quemar, explotar un cosmos qué recuerde la humildad de una lista de santos.
A veces tengo un ego pequeñito y gordo que se cree Pluton.
Presillas adornadas con colores rimbombantes
cuelgan como micos fascistas en los egos de la gente.
Cuando los adornos que decora la piel
se tatuan como sangre,
se ignora que podríamos ser lo mismo en una lúgubre fosa común,
que fuimos lo mismo en el apabullante chillar de la salas de incubación;
a pesar del grosor del polvo que nos separa.
¿Por qué el hombre con estatus
olvida agradecer y pisotea un jardín qué desangra sus aromas?
¿Por qué no volvernos un amasijo humeante de fraternidad?
Las utopías se desinflan como un globo inmigrante lleno de ira y olvido.
Hechar tierra a otro para trascender se ha convertido en mácula y oración: tu limpias el polvo y yo medito...
Desconociendo que el otro puede crear, quemar, explotar un cosmos qué recuerde la humildad de una lista de santos.
A veces tengo un ego pequeñito y gordo que se cree Pluton.