RECOJO EL AMANECER DESFALLECIDO
Recojo el amanecer desfallecido, delirante
cuando los horizontes impregnan su luz
hacia los escalones de musgos irritados,
imperfecta escalera de agrias soledades.
En el desierto del alma una dilatación de lluvias
inunda de oxidaciones ese jardín desquiciado
y habitado por plumas de palomas muertas
en las malas hierbas de las raíces noctámbulas.
¿Dónde quiero ir? Por ello deseo
dar gritos a las alejadas formas adornadas
con ropas de manantiales azafranados que,
en gula de bocas y ansias estériles, susurran
adornándose con resplandores de desechos.
Fuente de ropa, lugar de flores de cielo
viento de cruces indiferentes que se arropan
anidando ese camino peregrino, resplandeciente
y multiplicado de colores cobraícos y morados.
¿Por qué correr al borde de la excitación súbita?
¿Por qué seguir viendo las ventanas cerradas?
Todavía el sedimento de la edad es día de ilusión
que gangrena las paredes blancas de los espacios
llenos de manantiales en jardines de color nocivo,
mientras los puentes son la desesperación del río
crecido y coronado por paseos de bondad soleada.
Allí me siento arrojado, suspiro,
víspera de un cielo paralizado
y moldeado por tránsitos de lirios.
Un lugar que se pierde en los tiempos del ónice
que como pétalo se abre a una lluvia de agujas
para sangrar entre la malla del enredado misticismo
que recubre las arrugas descubiertas de la soledad.
Es como ir en vida nómada, extraño en eternidades
por las memorias laberínticas de tempestades
entrelazadas y bendecidas por un cielo adorado
que busca la sintonía de ser transparencia desnuda.
* * * * * * *
luzyabsenta
Recojo el amanecer desfallecido, delirante
cuando los horizontes impregnan su luz
hacia los escalones de musgos irritados,
imperfecta escalera de agrias soledades.
En el desierto del alma una dilatación de lluvias
inunda de oxidaciones ese jardín desquiciado
y habitado por plumas de palomas muertas
en las malas hierbas de las raíces noctámbulas.
¿Dónde quiero ir? Por ello deseo
dar gritos a las alejadas formas adornadas
con ropas de manantiales azafranados que,
en gula de bocas y ansias estériles, susurran
adornándose con resplandores de desechos.
Fuente de ropa, lugar de flores de cielo
viento de cruces indiferentes que se arropan
anidando ese camino peregrino, resplandeciente
y multiplicado de colores cobraícos y morados.
¿Por qué correr al borde de la excitación súbita?
¿Por qué seguir viendo las ventanas cerradas?
Todavía el sedimento de la edad es día de ilusión
que gangrena las paredes blancas de los espacios
llenos de manantiales en jardines de color nocivo,
mientras los puentes son la desesperación del río
crecido y coronado por paseos de bondad soleada.
Allí me siento arrojado, suspiro,
víspera de un cielo paralizado
y moldeado por tránsitos de lirios.
Un lugar que se pierde en los tiempos del ónice
que como pétalo se abre a una lluvia de agujas
para sangrar entre la malla del enredado misticismo
que recubre las arrugas descubiertas de la soledad.
Es como ir en vida nómada, extraño en eternidades
por las memorias laberínticas de tempestades
entrelazadas y bendecidas por un cielo adorado
que busca la sintonía de ser transparencia desnuda.
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luzyabsenta
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