Siempre pienso en si esta vida vacía que siento que estoy viviendo podría cambiarla radicalmente y comenzar con un nuevo rumbo que me diera algo positivo en cuanto a las razones que tenemos los seres humanos de vivir. Este conformismo constante, el cual no soy capaz de afrontar no se bien por que razón, me quita día a día las ganas de brillar, de salir, de soñar y cada vez me opaco mas y me voy convirtiendo en lo que no quisiera haber sido nunca, un ser que se conforma con soportar los malos ratos para tener algo de paz el resto del tiempo. Trabajar en algo que no me gusta, comer y dormir. Así me siento y no me atrevo a cambiar, a decidirme y arriesgarme a soltar parte de lo que forma mi vida para cambiarlo por otra gran parte que debería formarla sin condiciones de la otra parte. Pero no se puede, vivo ocultando todos mis sentimientos, mis sueños y mis razones de ser como persona. Oculto mis opiniones, mis amigos, mis alegría y tristezas, en definitiva oculto mi vida.
Pero como salir del círculo vicioso y conformista que poco a poco como gota de agua, destruye al paso del tiempo todas mis ansias de vida. Como si yo mismo soy responsable de mis propios actos y así y todo no puedo transformar la tristeza en esperanza.
Hace un tiempo tuve la oportunidad y la excusa perfecta para cambiarlo todo. Un detonante que movió los cimientos de mi ser e inclusive hizo tambalear mi vida al extremo de la tristeza total y absoluta. Todo parecía derrumbarse y sin embargo era la señal esperada, pero no supe reconocerla o mas bien, no supe aceptarla y pensé que el destino quizá se había equivocado, pero que iluso, el destino rara vez se equivoca, porque es a donde nosotros mismos mediante nuestros actos llegamos dramáticamente luego de experimentar vivencias buenas y malas. Y allí al final estaba mi destino, claro como el agua, como tenía que ser, listo para entender que necesitaba ese cambio y que aprovechara esa clara e inequívoca señal que me decía “es la hora de que vivas tu vida”.
Pero vacilé en el intento y volví a caer en el mismo juego, fue como hacerme trampas jugando al solitario. No me atreví a cambiar por miedo o no se que y recaí en el mas torpe error, creer que todo podría ser diferente, pero luego de muchos años de relación con alguien, es casi imposible que las cosas cambien. Al principio, luego de una ruptura de unos meses, parecía todo novedoso al volver a reencontrarnos. Nosotros como novios y con los hijos de por medio, la familia unida nuevamente. Y tratamos de convivir pero claro, ya estábamos acostumbrados a como éramos y entonces volvió la discordia y la amargura, la desconfianza y los celos, el conformismo y la maldita aceptación de que así son las cosas, como que lo que nos tocó fue esto y esto es lo que hay y si no te gusta mala suerte y en esas estamos.
Y ahora no hago mas que preguntarme por que no hice caso a aquella tan clara señal y si volverá el destino a darme otra oportunidad indicándome de nuevo el camino. No, no lo creo justo ni necesario porque ya se como son las cosas, pero es que ahora me he acostumbrado tanto a mi rutina que tratar de cambiar se me hace muy doloroso y no se si sería capaz de soportarlo, ese es el problema. Ahora soy rehén de mis propias decisiones que en su momento creí eran las correctas.
Quizá en algún momento algo me haga tomar esa drástica y dura decisión la cual seguramente tras una larga y angustiosa agonía, realce mi vida y pueda otra vez volver a soñar y llenarme de esperanzas e ilusiones.
De momento seguiré esperando mientras se me agota esta corta vida entre angustias y escasos momentos de alegría...
Pero como salir del círculo vicioso y conformista que poco a poco como gota de agua, destruye al paso del tiempo todas mis ansias de vida. Como si yo mismo soy responsable de mis propios actos y así y todo no puedo transformar la tristeza en esperanza.
Hace un tiempo tuve la oportunidad y la excusa perfecta para cambiarlo todo. Un detonante que movió los cimientos de mi ser e inclusive hizo tambalear mi vida al extremo de la tristeza total y absoluta. Todo parecía derrumbarse y sin embargo era la señal esperada, pero no supe reconocerla o mas bien, no supe aceptarla y pensé que el destino quizá se había equivocado, pero que iluso, el destino rara vez se equivoca, porque es a donde nosotros mismos mediante nuestros actos llegamos dramáticamente luego de experimentar vivencias buenas y malas. Y allí al final estaba mi destino, claro como el agua, como tenía que ser, listo para entender que necesitaba ese cambio y que aprovechara esa clara e inequívoca señal que me decía “es la hora de que vivas tu vida”.
Pero vacilé en el intento y volví a caer en el mismo juego, fue como hacerme trampas jugando al solitario. No me atreví a cambiar por miedo o no se que y recaí en el mas torpe error, creer que todo podría ser diferente, pero luego de muchos años de relación con alguien, es casi imposible que las cosas cambien. Al principio, luego de una ruptura de unos meses, parecía todo novedoso al volver a reencontrarnos. Nosotros como novios y con los hijos de por medio, la familia unida nuevamente. Y tratamos de convivir pero claro, ya estábamos acostumbrados a como éramos y entonces volvió la discordia y la amargura, la desconfianza y los celos, el conformismo y la maldita aceptación de que así son las cosas, como que lo que nos tocó fue esto y esto es lo que hay y si no te gusta mala suerte y en esas estamos.
Y ahora no hago mas que preguntarme por que no hice caso a aquella tan clara señal y si volverá el destino a darme otra oportunidad indicándome de nuevo el camino. No, no lo creo justo ni necesario porque ya se como son las cosas, pero es que ahora me he acostumbrado tanto a mi rutina que tratar de cambiar se me hace muy doloroso y no se si sería capaz de soportarlo, ese es el problema. Ahora soy rehén de mis propias decisiones que en su momento creí eran las correctas.
Quizá en algún momento algo me haga tomar esa drástica y dura decisión la cual seguramente tras una larga y angustiosa agonía, realce mi vida y pueda otra vez volver a soñar y llenarme de esperanzas e ilusiones.
De momento seguiré esperando mientras se me agota esta corta vida entre angustias y escasos momentos de alegría...
Última edición: