Pues el verdadero Big-Bang
no es el vómito de Diós
cuando expande materia sin más.
El universo es un monstruo de tamaño infinito
que lógicamente quiere encontrarse a sí mismo.
Quiere tocarse, verse; palparse a sí mismo. Es normal.
Seguramente para no sentirse solo o por motivos
que desconocemos.
Como un todo es perfecto pero no en sus caminos
que traza con leyes físicas y biológicas para reencontrarse.
Podéis estar tranquilos porque es un buen monstruo
que no busca el mal por el mal.
Nadie en la tierra nuestra lo hace. Motivo de sobra para
pensar que él tampoco.
A la más mínima aprovecha la cobertura para que
sus brazos inertes tomen conciencia de sí y poder
participar de su propia existencia.
Se abren paso a la vida a golpes de amor y violencia.
La vida es sexo y violencia, amor y odio; la vida es
una manera de que el monstruo se refleje a sí mismo.
Él somos nosotros pero no seáis orgullosos:
El hombre es un pequeño eslabón más del camino
imperfecto que seguramente perecerá antes que otros seres
más complejos cojan el testigo para continuar la carrera.
El problema que tenemos es que no comprendemos
que ser perfecto no es óbice de falta de lucha por caminos
imperfectos. No sé si me explico.
Somos tan inteligentes como para comprender el sentido de
este señor infinito pero tan cobardes y frágiles que no vemos
nada. Tenemos una viga en el ojo.
El monstruo este somos todos nosotros y las plantas, y los extra-
terráqueos; las piedras y el fuego.
Pero habéis de saber que sus caminos no son perfectos
y es necesario el amor, el dolor y el placer para que la vida
se abra paso y evolucione dese lo inerte hacia la conciencia.
Su dolor es el nuestro, su amor es el nuestro y su misterio
no es tal misterio: Somos nosotros, el final de los tiempos
donde un día habremos de encontrarnos formando otra
y otra vez este rompecabezas que es el universo.
Esto es el Big-Bang de verdad y no otra cosa.
Eso creo yo, al menos. de todo el misterio. Que es tan simple
y tan lógico que nos sobra complejidad para comprenderlo.
no es el vómito de Diós
cuando expande materia sin más.
El universo es un monstruo de tamaño infinito
que lógicamente quiere encontrarse a sí mismo.
Quiere tocarse, verse; palparse a sí mismo. Es normal.
Seguramente para no sentirse solo o por motivos
que desconocemos.
Como un todo es perfecto pero no en sus caminos
que traza con leyes físicas y biológicas para reencontrarse.
Podéis estar tranquilos porque es un buen monstruo
que no busca el mal por el mal.
Nadie en la tierra nuestra lo hace. Motivo de sobra para
pensar que él tampoco.
A la más mínima aprovecha la cobertura para que
sus brazos inertes tomen conciencia de sí y poder
participar de su propia existencia.
Se abren paso a la vida a golpes de amor y violencia.
La vida es sexo y violencia, amor y odio; la vida es
una manera de que el monstruo se refleje a sí mismo.
Él somos nosotros pero no seáis orgullosos:
El hombre es un pequeño eslabón más del camino
imperfecto que seguramente perecerá antes que otros seres
más complejos cojan el testigo para continuar la carrera.
El problema que tenemos es que no comprendemos
que ser perfecto no es óbice de falta de lucha por caminos
imperfectos. No sé si me explico.
Somos tan inteligentes como para comprender el sentido de
este señor infinito pero tan cobardes y frágiles que no vemos
nada. Tenemos una viga en el ojo.
El monstruo este somos todos nosotros y las plantas, y los extra-
terráqueos; las piedras y el fuego.
Pero habéis de saber que sus caminos no son perfectos
y es necesario el amor, el dolor y el placer para que la vida
se abra paso y evolucione dese lo inerte hacia la conciencia.
Su dolor es el nuestro, su amor es el nuestro y su misterio
no es tal misterio: Somos nosotros, el final de los tiempos
donde un día habremos de encontrarnos formando otra
y otra vez este rompecabezas que es el universo.
Esto es el Big-Bang de verdad y no otra cosa.
Eso creo yo, al menos. de todo el misterio. Que es tan simple
y tan lógico que nos sobra complejidad para comprenderlo.