Oculta tras una tumba,
con ojos vidriosos
y sonrisa hueca,
los mira ella.
Van de la mano...
bailando entre flores
y canto de pájaros,
día a día en tono a colores.
Y ella se mira...
tan huesuda y descarnada,
ya sus labios no incitan...
ya sus manos están heladas.
Busca con sus manos
su vestido de seda,
aquel que usaba la princesa,
entre sus dedos resbalan
hilachos de raída tela.
Oculta tras la tumba
los mira ella...
siempre la misma escena,
susurros bajo la luna llena.
Y se mira ella...
tan fétida,
descalza, perdió su zapatilla
de cristal la princesa.
Insiste en ver su rostro
y aun las lágrimas...
brotan de sus cuencas,
piensa... soy menos que ella.
Alejándose entre la niebla,
cavilando va una figura siniestra,
¡quédate con ella, la tienes viva!,
y a mí encriptada... estoy muerta.