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Qué se yo de la vida

Dan_Z

Poeta recién llegado
No se nada, mas que nadie,
y a quien poco sabe, se yo menos,
pero en cuentas breves,
no sabe más el que mas tiempo ha vivido,
ni el que más ha aprendido.
Si sabe mas quien sufre hambre,
o quien se agasaja en carnes y copas,
o el que tiene mas, contra el oprimido.
Qué se yo, si ni quito, si ni doy,
que si encajan las formas convexas de la realidad,
con la felicidad de los ya muertos, arapientos,
infértiles, abnegados,
nada les hará arder,
porque ni el calor tejido sobre la piel
de la llama cósmica,
ni el hambre penetrante, como proyectil trazador,
les hará parar,
aunque poco sepan de la vida,
y de la academia, y de ciencias,
y de astronomía, y de estrategia militar,
porque nada han aprendido y dicen nada saber.
Y vienen los patrones:
que bien hacen, que ellos no saben nada,
que trabajen, y logren saber quiza algo,
porque el hambre enseña y ensaña,
y que nada se aprende si no es a su merced.
Si sabe mas el que aza la tierra y cultiva vida
sobre la vida,
o si sabra más sobre la vida, cuando aprende
que el sol rasga la piel y tira del pellejo crudo,
que tinta los tonos bronces o hace emerger el rojo
de las pieles níveas, como emerge la sangre al corte,
brote continuo, coagulo extenso,
sobre el tramo que forra los dias de amarrilo y blanco,
de fuego,
de negro y rojo,
de pieles;
o será, que sabrá más,
el obrero mustio que anda, y calza cemento bajo los pies,
y mira la noche que nace y se pone a la mañana, escondida ya,
y que juega y anda en bicicleta, y muere en un lago,
lejos de casa, tras los brillos vivaces de luciérnagas
que escaparon del estentor violento de la maquinaria pesada,
y la polución atractiva de las luces y los faros,
del producto y del injerto,
y se refugiaron en las hambres y las armas.
Que vida amarga porque nada se sabe,
que vida amarga cuando todo se sabe,
cuando aun sabiendo tanto, el gusto sabe a necrosis,
y el tiempo se endereza como movimiento acelerado
frente a los ojos de los niños,
que nada saben, por ser niños,
o tanto saben, por infectos, profusos traumas
en el alma y en la carne.

Que se yo, entonces, y que he de saber,
si no soy yo el del fusil,
que sabiendo tanto o nada, mata o deja,
como ciencia simple, sin rigor, ni estrofas,
hace cantar su artefacto con magnánimas frecuencias
que desfragmentan y desmembran,
que mallugan el silencio con ráfagas alegres,
más pesadas que la virtud del vivo
por estar vivo,
sabrá quién, más que yo,
porque deja o mata, y no vislumbra qué entiende,
ni cuándo lo entendió,
que si la vida es un arte,
también la codicia,
también se conmueve el que la quita.
-DZ
 
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