Jorge Mosquera
Poeta recién llegado
Qué hago con el angustiante amor
Que, cautivo en mi habitación,
No puede gritar con el viento tu nombre,
Y me carcome el corazón.
Qué hago con la ráfaga de pensamientos taciturnos,
Que pugnan por salir a flote
De este desierto de olvidos
En el que día a día me encuentro perdido.
Qué hago con los sueños apolillados,
Que comienzan a convertirse en ruinas,
De lo que un día fue y sigue siendo,
La esperanza de estar contigo.
Qué hago con los inviernos que me queman,
Y con el sol que hiela mi existencia,
Si en esos inviernos no tengo tu abrazo,
Si no puedo estar contigo para contemplar el alba y el ocaso.
Qué hago con la mustia canción
Que compuse para ti,
Con los acordes de tus manos,
Y la melodía de tu voz.
Qué hago con los besos que no te he dado,
Que se van quedando dormidos en un rincón de mi almohada.
Qué hago con mis labios desgastados,
Sedientos de tus besos que poco a poco, para mí, se van acabando.
Qué hago con mis letras delirantes,
Con las ganas de escribirte que te quiero,
En ese lenguaje que sólo tú y yo sabemos,
Pues yo lo aprendí por ti, en tu lento caminar me lo enseñaste.
Qué hago para dejar de extrañarte,
Para poder seguir adelante, pausado y sereno.
Qué hago si te necesito y no te lo he dicho.
Qué hago, si es esa necesidad lo que me mantiene vivo.
Que, cautivo en mi habitación,
No puede gritar con el viento tu nombre,
Y me carcome el corazón.
Qué hago con la ráfaga de pensamientos taciturnos,
Que pugnan por salir a flote
De este desierto de olvidos
En el que día a día me encuentro perdido.
Qué hago con los sueños apolillados,
Que comienzan a convertirse en ruinas,
De lo que un día fue y sigue siendo,
La esperanza de estar contigo.
Qué hago con los inviernos que me queman,
Y con el sol que hiela mi existencia,
Si en esos inviernos no tengo tu abrazo,
Si no puedo estar contigo para contemplar el alba y el ocaso.
Qué hago con la mustia canción
Que compuse para ti,
Con los acordes de tus manos,
Y la melodía de tu voz.
Qué hago con los besos que no te he dado,
Que se van quedando dormidos en un rincón de mi almohada.
Qué hago con mis labios desgastados,
Sedientos de tus besos que poco a poco, para mí, se van acabando.
Qué hago con mis letras delirantes,
Con las ganas de escribirte que te quiero,
En ese lenguaje que sólo tú y yo sabemos,
Pues yo lo aprendí por ti, en tu lento caminar me lo enseñaste.
Qué hago para dejar de extrañarte,
Para poder seguir adelante, pausado y sereno.
Qué hago si te necesito y no te lo he dicho.
Qué hago, si es esa necesidad lo que me mantiene vivo.