IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Desechando agujas
que ya no marcan el tiempo,
reencontrando versos
que nunca me encontraron a destiempo,
se encrudece la carne,
se marchita la piel,
se desvanece el alma,
y me encuentro en tu miel,
mientras desvarío
en el olvido
y mi mente
consume lentamente
de mi consciencia
mis dulces epitafios,
la condena
reverbera mi sordera,
de aquella negación
que nunca quiero escuchar,
la muerte
ha de marcar,
su guadaña
en la maraña
de un mañana,
que sueño
por un dueño,
por sus dagas
e infinitudes,
los segundos
se esparcen
por un caudal
al que llamo "cárcel",
por dejarme
en su linea atemporal,
por hacerme creer especial,
bailando en un limite
y limitando lo espacial,
nos exprimimos
en un pútrido rumbo,
deseando lo irreal,
porque lo real
ya le basto a medio mundo,
nos dejamos la piel
por alguien
que por naturaleza
se vuelve infiel,
¿Quien ha de trazar
las sendas de lo divino?
¿Cuando la osadía sea mi adivino?
no correré ciego,
por aquel que siempre me vio,
y nunca grito,
ya que en mi ser,
ese ser nunca vino,
entre dientes y llagas,
mis encías distinguen el sabor,
de el labor
que por mi sangre siempre fluyó,
siendo tuyo,
siendo alguien,
recordándome
y maldiciéndome,
por pensar
en alguien
que ya falleció,
al no crear
luz en un estanque
de un Dios
que nunca existió,
es el dolor
de saber
que por ti
nadie encontró su don,
al no tener palabras
que reflejen
lo que en la escarcha
tu cuerpo esclareció,
como la sangre de un rey difunto,
como el reino estando juntos,
sin leer estas páginas
en las que sembraste tu lado oculto,
un culto al vacío vieron mis ojos,
cuando de tu prosa
emergió el punto.
que ya no marcan el tiempo,
reencontrando versos
que nunca me encontraron a destiempo,
se encrudece la carne,
se marchita la piel,
se desvanece el alma,
y me encuentro en tu miel,
mientras desvarío
en el olvido
y mi mente
consume lentamente
de mi consciencia
mis dulces epitafios,
la condena
reverbera mi sordera,
de aquella negación
que nunca quiero escuchar,
la muerte
ha de marcar,
su guadaña
en la maraña
de un mañana,
que sueño
por un dueño,
por sus dagas
e infinitudes,
los segundos
se esparcen
por un caudal
al que llamo "cárcel",
por dejarme
en su linea atemporal,
por hacerme creer especial,
bailando en un limite
y limitando lo espacial,
nos exprimimos
en un pútrido rumbo,
deseando lo irreal,
porque lo real
ya le basto a medio mundo,
nos dejamos la piel
por alguien
que por naturaleza
se vuelve infiel,
¿Quien ha de trazar
las sendas de lo divino?
¿Cuando la osadía sea mi adivino?
no correré ciego,
por aquel que siempre me vio,
y nunca grito,
ya que en mi ser,
ese ser nunca vino,
entre dientes y llagas,
mis encías distinguen el sabor,
de el labor
que por mi sangre siempre fluyó,
siendo tuyo,
siendo alguien,
recordándome
y maldiciéndome,
por pensar
en alguien
que ya falleció,
al no crear
luz en un estanque
de un Dios
que nunca existió,
es el dolor
de saber
que por ti
nadie encontró su don,
al no tener palabras
que reflejen
lo que en la escarcha
tu cuerpo esclareció,
como la sangre de un rey difunto,
como el reino estando juntos,
sin leer estas páginas
en las que sembraste tu lado oculto,
un culto al vacío vieron mis ojos,
cuando de tu prosa
emergió el punto.
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