magozzcuro
Poeta asiduo al portal
Me llaman loco y la verdad poco me interesa. Mi resguardo es un laberinto donde solo habitan mis yo's y sus ideas reducidas, condenadas a vagar entre neuronas sin derecho de palabra.
Mi ciudad es hermosa; llena de árboles, perros que ladran y muerden y otros que no ladran pero también muerden, crímenes resueltos y otros perfectos. En ella me muevo cual gusano que no encuentra la hoja perfecta. De noche cómplice, de día culpable. Las aceras son límites de unas calles que me pertenecen, contamino sus átomos invisibles con preguntas que ya no me atrevo a pronunciar. Los horarios se van por el desagüe cuando nada importa, cuando la palabra Esperanza solo alude a una señora que tiene un café de sillas pequeñas donde un tinto de ébano me despierta todos los días.
Harapos hacen parte de mi piel, barba bíblica, ojos que solo ven noches de negra luna. Soy el lunar de un rostro perfecto, el gato que no para de caminar. Las cosas hermosas se desvanecen cuando te lavas la cara con dosis de realidad y te secas con un astringente pasado que aún quiere hacer daño. Mi pasado es un vino añejo que todavía embriaga mis adentros. Don Amador me pregunta por el, trata de revolcar algo que por si solo es una masa viscosa que trato de olvidar. Don Amador es un buen tipo, me da de comer en su restaurante cuando los clientes ya se han marchado. Entonces me ubica en una mesa cerca a la cocina y sirve un plato que huele bien y ademas sabe bien. Me conversa y trata de hacerme olvidar una realidad que me sofoca hora tras hora. Me hace pensar que todo puede cambiar, que mis adicciones son humo de fogatas pasadas, un paisaje que la lluvia ya borró; pero los fantasmas no se van, soy yo quien se marcha muchas gracias don Amador, volveré mañana me alejo cual anciano que muere en cada paso que le quita el tiempo. Las aceras me saludan y nuevamente se repite la historia muchas gracias ciudad, nunca me iré.
Mi ciudad es hermosa; llena de árboles, perros que ladran y muerden y otros que no ladran pero también muerden, crímenes resueltos y otros perfectos. En ella me muevo cual gusano que no encuentra la hoja perfecta. De noche cómplice, de día culpable. Las aceras son límites de unas calles que me pertenecen, contamino sus átomos invisibles con preguntas que ya no me atrevo a pronunciar. Los horarios se van por el desagüe cuando nada importa, cuando la palabra Esperanza solo alude a una señora que tiene un café de sillas pequeñas donde un tinto de ébano me despierta todos los días.
Harapos hacen parte de mi piel, barba bíblica, ojos que solo ven noches de negra luna. Soy el lunar de un rostro perfecto, el gato que no para de caminar. Las cosas hermosas se desvanecen cuando te lavas la cara con dosis de realidad y te secas con un astringente pasado que aún quiere hacer daño. Mi pasado es un vino añejo que todavía embriaga mis adentros. Don Amador me pregunta por el, trata de revolcar algo que por si solo es una masa viscosa que trato de olvidar. Don Amador es un buen tipo, me da de comer en su restaurante cuando los clientes ya se han marchado. Entonces me ubica en una mesa cerca a la cocina y sirve un plato que huele bien y ademas sabe bien. Me conversa y trata de hacerme olvidar una realidad que me sofoca hora tras hora. Me hace pensar que todo puede cambiar, que mis adicciones son humo de fogatas pasadas, un paisaje que la lluvia ya borró; pero los fantasmas no se van, soy yo quien se marcha muchas gracias don Amador, volveré mañana me alejo cual anciano que muere en cada paso que le quita el tiempo. Las aceras me saludan y nuevamente se repite la historia muchas gracias ciudad, nunca me iré.