Xuacu
Poeta que considera el portal su segunda casa
PROSA POR TI
Despunta la vida en la comisura de la nada y a pesar del vacío, tú lo llenas todo con tú mirada. Me acerco a la cerca de tú sueño, reduzco los pasos y de puntillas beso cada uno de tus dedos. Alojo en el alma pensamientos sobre ti, despierto en mí un canto que lo tenía callado. Una música que parecía olvidada y sonrío y dejo a una lágrima, que me haga compañía sólo por un momento.
Escucho gaitas celtas que me hablan de ti y el pensamiento me dice que me quede, porque tú mereces la pena y en ti, mí camino a finalizado. Y veo, con la imaginación, como los cipreses dan rosas rojas, como es al revés todas las cosas que parecen al derecho. Como es concierto el lamento de una cigarra, como se hace antesala a un salón, en donde se baila un vals. Como un gato ronronea a la luz de una farola apagada, como el absurdo cobra sentido, como un mendigo se declara el hombre más afortunado del mundo.
Cierro los ojos y veo esos paisajes que me estremecen, esos ríos que bañan mis incoherencias, esos meandros que me despistan, que juegan con mí lógica y que al final, arriban en las olas, donde el océano es caricia y el agua es medianoche en la cara oculta de la luna.
Endulzar los salares de la tierra, hacer oasis en los desiertos de las penas. Palmeras alineadas en el camino, por donde las dunas juegan al que te pillo. Olvidar el brillo de la lámpara de Aldino y sólo pedir el deseo de tenerte para toda una vida y dejar a los otros dos deseos, que se pidan a si mismos.
Renombrarte todos los segundos que dura un suspiro. Tiempo perdido es el no estar contigo. Sentarme al lado del árbol del olvido y en su sombra recordarte para que veas que no te olvido. Estas en mí, pajarito volando entre mis oídos. Mimarte las alas y darte por aire un beso pausado.
¿Qué fue de un duende perdido? ¿Qué del alarido de un lobo? ¿Qué del fuego de un dragón? ¿Qué fue de un dios? ¿Qué de mis enemigos? ¿Qué de tus ganas de vivir? ¿Qué de aquella guerrera alocada? ¿Qué de tú mirada de frío? ¿Qué de tu abrazo de volcán?
¿Quién me puede contestar?
Dejar a la belleza del mundo, arropada en el hueco de tu mano. Observar los equinoccios de tus parpadeos y medir las estaciones con el balanceo de tu pelo. Sonreír al verte caminar, sabiendo de la gracia de tus pasos y que de mi corazón un sobresalto, todas la veces que te me acercas. Ser tú presa sumisa y despojarme sin prisa, de toda mi ropa, para cobijarme en tu cama y perderme contigo, en un infinito abrazo.
Y sin decirlo con palabras. Que escuches siempre que me mires. Lo mucho que te amo.
Despunta la vida en la comisura de la nada y a pesar del vacío, tú lo llenas todo con tú mirada. Me acerco a la cerca de tú sueño, reduzco los pasos y de puntillas beso cada uno de tus dedos. Alojo en el alma pensamientos sobre ti, despierto en mí un canto que lo tenía callado. Una música que parecía olvidada y sonrío y dejo a una lágrima, que me haga compañía sólo por un momento.
Escucho gaitas celtas que me hablan de ti y el pensamiento me dice que me quede, porque tú mereces la pena y en ti, mí camino a finalizado. Y veo, con la imaginación, como los cipreses dan rosas rojas, como es al revés todas las cosas que parecen al derecho. Como es concierto el lamento de una cigarra, como se hace antesala a un salón, en donde se baila un vals. Como un gato ronronea a la luz de una farola apagada, como el absurdo cobra sentido, como un mendigo se declara el hombre más afortunado del mundo.
Cierro los ojos y veo esos paisajes que me estremecen, esos ríos que bañan mis incoherencias, esos meandros que me despistan, que juegan con mí lógica y que al final, arriban en las olas, donde el océano es caricia y el agua es medianoche en la cara oculta de la luna.
Endulzar los salares de la tierra, hacer oasis en los desiertos de las penas. Palmeras alineadas en el camino, por donde las dunas juegan al que te pillo. Olvidar el brillo de la lámpara de Aldino y sólo pedir el deseo de tenerte para toda una vida y dejar a los otros dos deseos, que se pidan a si mismos.
Renombrarte todos los segundos que dura un suspiro. Tiempo perdido es el no estar contigo. Sentarme al lado del árbol del olvido y en su sombra recordarte para que veas que no te olvido. Estas en mí, pajarito volando entre mis oídos. Mimarte las alas y darte por aire un beso pausado.
¿Qué fue de un duende perdido? ¿Qué del alarido de un lobo? ¿Qué del fuego de un dragón? ¿Qué fue de un dios? ¿Qué de mis enemigos? ¿Qué de tus ganas de vivir? ¿Qué de aquella guerrera alocada? ¿Qué de tú mirada de frío? ¿Qué de tu abrazo de volcán?
¿Quién me puede contestar?
Dejar a la belleza del mundo, arropada en el hueco de tu mano. Observar los equinoccios de tus parpadeos y medir las estaciones con el balanceo de tu pelo. Sonreír al verte caminar, sabiendo de la gracia de tus pasos y que de mi corazón un sobresalto, todas la veces que te me acercas. Ser tú presa sumisa y despojarme sin prisa, de toda mi ropa, para cobijarme en tu cama y perderme contigo, en un infinito abrazo.
Y sin decirlo con palabras. Que escuches siempre que me mires. Lo mucho que te amo.