Martín Renán
Poeta adicto al portal
La puerta está abierta a mitad de la calle.
El alma naufraga de nostalgia
a veces
al cruzar toda la noche de insomnios;
un día me vine a quedar
en un sanatorio también soñé, quedarme y cuidarme de mí.
Pero mi locura no tiene cura; he dejado a mi loquero en cama
para recordar que pervivo.
Yo, el can de los huesos rotos, lamo mis heridas,
y si alguna vez me disfrazo de poeta,
por las dudas, o por todas las cosas
que no escribo.
A la mierda conmigo y con todos,
si mañana me llevo un suicidio a la mitad de la calle
no hay carta que escribir para nadie.
No lo saben. Soy el deportista que abre la puerta.
El alma naufraga de nostalgia
a veces
al cruzar toda la noche de insomnios;
un día me vine a quedar
en un sanatorio también soñé, quedarme y cuidarme de mí.
Pero mi locura no tiene cura; he dejado a mi loquero en cama
para recordar que pervivo.
Yo, el can de los huesos rotos, lamo mis heridas,
y si alguna vez me disfrazo de poeta,
por las dudas, o por todas las cosas
que no escribo.
A la mierda conmigo y con todos,
si mañana me llevo un suicidio a la mitad de la calle
no hay carta que escribir para nadie.
No lo saben. Soy el deportista que abre la puerta.