Sergi Siré
Poeta asiduo al portal
_¿Qué haces aquí afuera con el frío que hace? _le encontré sentado en un barril fumando un cigarro y mirando al suelo.
_Ya ves, aquí fumando un cigarro y pensando.
_¿Pensando...?
_Sí, en lo duro que es ser querido y mañana desconocido. Le agarro el cigarro y echo una calada. Él me miró con sorpresa.
_Creía que tú no fumabas.
_No lo hago, ¿qué importa eso ahora?
_Nada, supongo.
Pasé el brazo por su espalda y caminamos despacio y con las manos en los bolsillos hacia las jaulas de las fieras.
_Hernán, ni las fieras me respetan ya. Ayer fui gloria y hoy nadie se acuerda.
_¿Cómo se llama éste tigre?
_Rogers. _me dijo.
_Ahá... ¿y aquel?
_No lo sé, ése no es mío.
_Ves, ese es el problema. La gente admira y recuerda aquello que siente suyo. Si dejamos de acercarnos a las personas es probable que las olvidemos.
Mira, te pongo este ejemplo: tienes gran memoria para todas aquellas fieras que crecieron contigo. Sin embargo, aquellas que no conoces bien no sabes como se llaman.
_¿Y por qué no me respetan?
_Tal vez porque te olvidaste de su nombre y se han ofendido. Lo que quiero que comprendas es que la mente es muy inteligente y tan sólo se acuerda de aquello que le merece la pena. Si quieres mantenerte firme y querido por todos, si quieres que las fieras que hoy han venido te respeten y te recuerden lo primero es ganarte su respeto. Para ser reconocido primero hay que ser un simple conocido, pero si no deseas caer en el olvido el conocido debe ser algo más. La gente convierte a las personas que siempre están cerca en amigos y a los que simplemente fueron conocidos los tornaron desconocidos.
_¿He de ganarme día a día su cariño?
_¡Y de las fieras su apetito! _bromeé y riendo regresamos por donde habíamos venido.
_Ya ves, aquí fumando un cigarro y pensando.
_¿Pensando...?
_Sí, en lo duro que es ser querido y mañana desconocido. Le agarro el cigarro y echo una calada. Él me miró con sorpresa.
_Creía que tú no fumabas.
_No lo hago, ¿qué importa eso ahora?
_Nada, supongo.
Pasé el brazo por su espalda y caminamos despacio y con las manos en los bolsillos hacia las jaulas de las fieras.
_Hernán, ni las fieras me respetan ya. Ayer fui gloria y hoy nadie se acuerda.
_¿Cómo se llama éste tigre?
_Rogers. _me dijo.
_Ahá... ¿y aquel?
_No lo sé, ése no es mío.
_Ves, ese es el problema. La gente admira y recuerda aquello que siente suyo. Si dejamos de acercarnos a las personas es probable que las olvidemos.
Mira, te pongo este ejemplo: tienes gran memoria para todas aquellas fieras que crecieron contigo. Sin embargo, aquellas que no conoces bien no sabes como se llaman.
_¿Y por qué no me respetan?
_Tal vez porque te olvidaste de su nombre y se han ofendido. Lo que quiero que comprendas es que la mente es muy inteligente y tan sólo se acuerda de aquello que le merece la pena. Si quieres mantenerte firme y querido por todos, si quieres que las fieras que hoy han venido te respeten y te recuerden lo primero es ganarte su respeto. Para ser reconocido primero hay que ser un simple conocido, pero si no deseas caer en el olvido el conocido debe ser algo más. La gente convierte a las personas que siempre están cerca en amigos y a los que simplemente fueron conocidos los tornaron desconocidos.
_¿He de ganarme día a día su cariño?
_¡Y de las fieras su apetito! _bromeé y riendo regresamos por donde habíamos venido.