cande87
Poeta recién llegado
- me preguntó bajo aquel bigote desarreglado y canoso que disimulaba una risita floja.
Sonreí. Cínica como nunca. Solo quería que aquel grupo de viejos semiborrachos de la comisión de fiestas del pueblo se apuntaran a actividades de baile terapéutico pero hasta el momento solo había conseguido una colección de historias de vidas artrósicas y piropos con regusto a ron.
Menuda mierda de trabajo
No siempre era así. Había dias buenos, días en los que te sentias orgullosa de tu gran don de gentes, contenta de contribuir a que el censo de mortandad por enfermedades cardiovasculares de la poblacion se viese visiblemente reducido debido a que quince personas más se disponían a contonear sus grasientos panderos. Entonces alzaba al viento la hoja de nuevos contactos que había conseguido, era feliz y profesional, una profesional feliz, vamos. Al menos hasta que tu jefe te sacaba de tu nube con un rapapolvos disfrazado de un eterno discurso pedante hasta vomitar sobre la mesa de juntas.
¿Os acordáis cuando de niños nos decían: estudia hijo, para tener un trabajo de bien y ganar mucho dinero? Menuda trola.
No aspiro a un trabajo de bien que me dea mucho dinero. No, si el precio es subirme al tren de los protocolos capitalistas, las hipotecas, el stress mientras camino pisando la miseria a mi alrededor.
Tampoco aspiro a ser la lacaya de gente de trabajos bien que ganan mucho dinero. No, si el precio es medir mi autoestima profesional con una regla escolar de quince centímetros y utilizar el coche de mi madre hasta los treinta años.
Bien solo me queda despojarme de mis bienes materiales e iniciar un viaje a Alaska para vivir de la naturaleza y hallar una especie de climax espiritual como aquel americano con apellido de superhéroe de los años 80. Lo malo es que a el no le fue muy bien ya que murió de inanición dos años despues un destino nada alentador.
Vosotros elegís oprimido u opresor. El caso es vivir quejándose y aplastadonos unos a otros o morir en el corazón de una naturaleza salvaje.
Sonreí. Cínica como nunca. Solo quería que aquel grupo de viejos semiborrachos de la comisión de fiestas del pueblo se apuntaran a actividades de baile terapéutico pero hasta el momento solo había conseguido una colección de historias de vidas artrósicas y piropos con regusto a ron.
Menuda mierda de trabajo
No siempre era así. Había dias buenos, días en los que te sentias orgullosa de tu gran don de gentes, contenta de contribuir a que el censo de mortandad por enfermedades cardiovasculares de la poblacion se viese visiblemente reducido debido a que quince personas más se disponían a contonear sus grasientos panderos. Entonces alzaba al viento la hoja de nuevos contactos que había conseguido, era feliz y profesional, una profesional feliz, vamos. Al menos hasta que tu jefe te sacaba de tu nube con un rapapolvos disfrazado de un eterno discurso pedante hasta vomitar sobre la mesa de juntas.
¿Os acordáis cuando de niños nos decían: estudia hijo, para tener un trabajo de bien y ganar mucho dinero? Menuda trola.
No aspiro a un trabajo de bien que me dea mucho dinero. No, si el precio es subirme al tren de los protocolos capitalistas, las hipotecas, el stress mientras camino pisando la miseria a mi alrededor.
Tampoco aspiro a ser la lacaya de gente de trabajos bien que ganan mucho dinero. No, si el precio es medir mi autoestima profesional con una regla escolar de quince centímetros y utilizar el coche de mi madre hasta los treinta años.
Bien solo me queda despojarme de mis bienes materiales e iniciar un viaje a Alaska para vivir de la naturaleza y hallar una especie de climax espiritual como aquel americano con apellido de superhéroe de los años 80. Lo malo es que a el no le fue muy bien ya que murió de inanición dos años despues un destino nada alentador.
Vosotros elegís oprimido u opresor. El caso es vivir quejándose y aplastadonos unos a otros o morir en el corazón de una naturaleza salvaje.
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