IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Ensimismado frente al espejo,
atravesando mi mirada,
oscura, renaciendo en mis pupilas,
levantando la vista,
apreciando el azulado iris del cielo,
"no hay mal que por bien no venga",
me lo decía
cada vez que la tormenta nos oscurecía,
acostumbrando mi negrura
a la hermosura del saber lo que sentimos,
puede ser un arma de doble filo,
pero nunca una soga que asfixie al alma,
cada retazo de cordura,
compone, en tesitura,
una desgracia a punto de comenzar,
porque el conocimiento no es orgullo,
ni nos convierte en mejores personas,
el conocimiento es espejo,
de nuestra mirada interna,
esa que externamente,
concentra nuestra audacia,
nuestra intrépida sagacidad,
y nos cuida del peligro,
es conocer los laureles del delirio,
comprender la tristeza,
por mas que lluevan milagros,
por mas que vuelen los días,
volviéndonos prefacios,
de un letargo espiritual,
por mas que la vida nos conmueva,
la muerte no nace,
es mi cruenta calavera.
atravesando mi mirada,
oscura, renaciendo en mis pupilas,
levantando la vista,
apreciando el azulado iris del cielo,
"no hay mal que por bien no venga",
me lo decía
cada vez que la tormenta nos oscurecía,
acostumbrando mi negrura
a la hermosura del saber lo que sentimos,
puede ser un arma de doble filo,
pero nunca una soga que asfixie al alma,
cada retazo de cordura,
compone, en tesitura,
una desgracia a punto de comenzar,
porque el conocimiento no es orgullo,
ni nos convierte en mejores personas,
el conocimiento es espejo,
de nuestra mirada interna,
esa que externamente,
concentra nuestra audacia,
nuestra intrépida sagacidad,
y nos cuida del peligro,
es conocer los laureles del delirio,
comprender la tristeza,
por mas que lluevan milagros,
por mas que vuelen los días,
volviéndonos prefacios,
de un letargo espiritual,
por mas que la vida nos conmueva,
la muerte no nace,
es mi cruenta calavera.