Jessy Adrian
Poeta recién llegado
Me he fumado todo, hasta los poros, ya no sé si soy yo quien hablo o es el humo, he tomado tanto, que el alma se me ha perdido o quizás la he vendido por vino.
Y en el éxtasis del brío, con una escasa lucidez te miro, te admiro y te digo:
¿Vos, ramera, por qué no me miras, por qué no intentas seducirme, si solo para eso sirves? ¿Cuánto vale una de tus miradas?
- Y me miras -
- ¡Vos si sos pendeja, que intentes seducirme dije y vos tan tonta, me enamoras! -
¿Y ahora qué hago, si te quiero solo mía, toda entera y a cada hora?
¿Dime, qué hago si no tengo nada que ofrecerte, solo mi poesía, en poemas te encanto, te regalo la luz de los días, todas las alegrías, todos los sueños, incluso esos que ni son tuyos, todo lo que imaginas y lo que no has imaginado, en poesía te regalo, ¿Te basta? ¡Pero dime algo!... al menos mi mano toca.
-Y tocas mi mano-
¿Ahora qué te doy, qué me invento?
Primero toma asiento, déjame contemplarte, anda sumando todo a mi cuenta, en alguna forma he de pagarte, o te has de cansar de cobrarme en alguna forma. Sos tan bella, eres la unión de todos los sueños varoniles, tienes el aroma de pasión en tu cabello y esos ojos, ciertamente no son tuyos, no puede tener dueño algo tan bello; y esa boca, esos labios, te pago el doble de todo lo que debo, si me sonríes.
-Y me sonríes-
Eres hermosa como una Diosa, y ni las Diosas deberían ser así, andar por allí inspirando el pecado. ¡Vaya, extraña mujer que he encontrado! Eres la conjugación de todos mis amores del pasado, de mis viejos amores y una pizca de dulzura, es tu sonrisa como la de mi madre cuando la besaba.
Dime, ¿cómo te hago mía?, te quiero siempre a mi lado… ¡dime!
Quiero que me lleves contigo, te pago con la vida mía.
-Justamente eso reclamo, trovador con suerte,
serás mío, seré tuya, iré siempre a tu lado.
Tú, patético poeta, romancero enamorado;
yo, una ramera, tu amante, tu perdición -la muerte-
Y en el éxtasis del brío, con una escasa lucidez te miro, te admiro y te digo:
¿Vos, ramera, por qué no me miras, por qué no intentas seducirme, si solo para eso sirves? ¿Cuánto vale una de tus miradas?
- Y me miras -
- ¡Vos si sos pendeja, que intentes seducirme dije y vos tan tonta, me enamoras! -
¿Y ahora qué hago, si te quiero solo mía, toda entera y a cada hora?
¿Dime, qué hago si no tengo nada que ofrecerte, solo mi poesía, en poemas te encanto, te regalo la luz de los días, todas las alegrías, todos los sueños, incluso esos que ni son tuyos, todo lo que imaginas y lo que no has imaginado, en poesía te regalo, ¿Te basta? ¡Pero dime algo!... al menos mi mano toca.
-Y tocas mi mano-
¿Ahora qué te doy, qué me invento?
Primero toma asiento, déjame contemplarte, anda sumando todo a mi cuenta, en alguna forma he de pagarte, o te has de cansar de cobrarme en alguna forma. Sos tan bella, eres la unión de todos los sueños varoniles, tienes el aroma de pasión en tu cabello y esos ojos, ciertamente no son tuyos, no puede tener dueño algo tan bello; y esa boca, esos labios, te pago el doble de todo lo que debo, si me sonríes.
-Y me sonríes-
Eres hermosa como una Diosa, y ni las Diosas deberían ser así, andar por allí inspirando el pecado. ¡Vaya, extraña mujer que he encontrado! Eres la conjugación de todos mis amores del pasado, de mis viejos amores y una pizca de dulzura, es tu sonrisa como la de mi madre cuando la besaba.
Dime, ¿cómo te hago mía?, te quiero siempre a mi lado… ¡dime!
Quiero que me lleves contigo, te pago con la vida mía.
-Justamente eso reclamo, trovador con suerte,
serás mío, seré tuya, iré siempre a tu lado.
Tú, patético poeta, romancero enamorado;
yo, una ramera, tu amante, tu perdición -la muerte-
Última edición: