elpaisdenuncajamas77
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ella ya no sabía lo que hacer, no era la primera vez que su hija de 15 años volvía demasiado tarde a casa, y borracha, y tampoco la única en que acaban discutiendo entre gritos que no llevaban a nada.
Hacia ya tres años de la muerte de su marido, el padre de esa niña, y desde entonces nunca había sabido llevarla, la comunicación cada vez se hacia mas difícil y sentía que la estaba perdiendo, y lo que es peor, que la niña estaba echando a perder su vida.
Aquel día aprovechando que Sara así se llama la niña- dormía en un campamento ella saldría con unas amigas a tomar algo, le habían hablado de un antiguo escritor de éxito que leería sus poemas en publico.
Y aunque no podía quitarse a su hija de la cabeza, y mas sabiendo que durante la siguiente semana ella tendría que salir fuera por su trabajo y dejarla sola en casa, se decidió a ir.
Y llegaron allí: era un sitio de los que quedan pocos, música de ambiente, bohemio, y con la gente pendiente de sus cosas y no de los demás, de esos sitios que ella frecuentaba antiguamente, y de repente salio él, ella abrió los ojos de par en par, no podía creer lo que veía, era Alberto, un antiguo amor de sus años jóvenes, estaba cambiando, con sus canas, su barba de tres días, pero aun conservaba aquellos ojos capaces de decirlo todo sin decir nada.
Escucho con una atención desmesurada sus poemas, trágicos, tristes, desoladores, hablaban de la muerte, la soledad, la noche de una vida desgarrada por los acontecimientos, y sintió pena por él; en el último poema sintió un escalofrió Aquellos ojos verdes como el campo en primavera fueron los últimos en mirarme, en amarme una tarde de lluvia embustera, cuando la vida era tan solo un verso sin arte . Ella se vio reflejada en ese poema
Al acabar la lectura el se dio cuenta de su presencia y se acerco a saludarla. tus ojos verdes no han perdido aun su brillo, aunque les invada la tristeza . Hablaron, hablaron y hablaron y ella le contó sus problemas con su hija: a ti siempre se te dieron bien los adolescentes le dijo- recuerdo como tus sobrinos te adoraban.
No se sabe muy bien como ella le convenció para que pasara ese mes en que ella se iba de viaje, en su casa, conviviendo con su hija, en realidad vigilándola.
Como era de esperar a Sara no le hizo mucha gracia la idea, pero no la quedaba mas remedio que aceptar, ayudó a su madre a cargar la maleta en el coche y se despidió con un frió adiós.
Alberto se despertó tarde al día siguiente, preparo algo de desayunar y se dirigió al baño, empujo la puerta y allí estaba ella tan solo con la toalla, ella gritó el pidió disculpas sin saber bien lo que decir ella enfadada subió corriendo a la habitación no había sido un buen comienzo-
Así pasaron los primeros días sin apenas hablar, el se dio cuenta de que Sara era una niña rebelde, pero en el fondo de buen corazón, solo había que sacarlo al exterior.
Un día mientras Sara estaba en el instituto el limpiaba la casa y se encontró con su diario, no estaba cerrado ni nada por el estilo, así que decidió mirarlo, sabia que no hacia bien, pero eso podría ayudarle; y se sorprendió al ver lo que en el había, poemas, cartas, a su madre, a su padre, de amores de cualquier adolescente, pero con una intensidad maravillosa, era la prueba de lo que el pensaba, y sobre todo un nexo de unión entre ambos.
Aquella noche ella regresó cansada de los estudios, el tenia la cena preparada, y cenaron juntos por primera vez, se que estas muy ocupada con tus estudios etc., pero me gustaría pedirte un favor, no se si sabrás que yo soy escritor, y tengo que elegir unos poemas para mi próximo libro y la verdad no se cuales elegir y he pensado que quizá tu podrías leerlos y aconsejarme. Ella le miro extrañada no es que entienda mucho de poesía la verdad y el la respondió solo dime lo que sintió tu corazón al leerlos. y se los extendió.
Por la noche antes de irse a dormir, vio la luz de su habitación encendida se asomo con cautela y allá estaba ella tumbada en la cama leyéndolos con atención.
Ella se sintió enganchada a esos versos, se sorprendió con cada una de sus metáforas, de sus imágenes, con la fuerza de cada final. no podía imaginar algo así de este abuelo tan serio, pensó
Aquel domingo ella se levanto antes que el, cuando le vio aparecer le dijo hoy fui yo quien preparo la comida y se sentaron a comer, ella estaba sonriente, como nunca antes la había visto.
-Me han mandado un trabajo sobre poesía en el instituto mintió para no reconocer su gusto por los versos- y he pensado que tu me podías ayudar.
Los siguientes días les pasaron descubriendo la poesía clásica, las rimas, los versos, la métrica, para después dar paso al verso libre, al modernismo Ella estaba entusiasmada con su aprendizaje, y le dejo leer un par de poemas escritos, uno de ellos hablaba de su madre al leerlo el la preguntó ¿y porque la tratas tan mal? ¿Por qué la contestas?...
Ella no supo que decir.
Esa noche mientras el escribía en el estudio ella llamo a su madre Te echo de menos la dijo te quiero
Apenas faltaban unos días para que ella regresara, aquel día Sara se mostraba pensativa y el la preguntó, ella confesó que Raúl un chico súper atractivo del instituto la había invitado al baile y no sabia que ponerse No te preocupes, ya idearemos algo.
La acercó en coche hasta el instituto, y la vio saludarse con un chico, por el rubor de sus mejillas supo que era Raúl, de vuelta a casa paro en una tienda para jóvenes y le explico a la dependienta que quería un vestido para una jovencita, para su baile de fin de curso, tras algunos problemas con la talla, Eligio un vestido rojo, con un escote palabra de honor.
Ella llegó a casa mientras el servia la comida, le saludo sonriente, y le dijo tendré que ir de compras esta tarde, por suerte ahorre algo de dinero, el sonrió y le dijo sube a tu cuarto y luego lo hablamos, al subir ella no podía creer lo que veía aquel precioso vestido estaba sobre la cama, pego un grito emocionada y desde arriba le grito ¿puedo probármelo?...
Cuando la vio bajar por esa escalera tuvo que tragar saliva, estaba tan preciosa, sin duda alguna le recordó a su madre, cuando hace ya muchos años fueron al baile juntos que tal me queda pregunto Si tuviera unos años menos no irías al baile con Raúl, sino conmigo, sonrió el ella le abrazo, una lagrima mojó los ojos de Alberto.
La llevo en el coche a recoger a Raúl que vestía elegantemente para después dejarles en el baile, al despedirse ella le dio un beso -no se porque nunca tuviste hijos y mujer hubieras sido un marido estupendo Y un gran padre
Amaneció aquel sábado lluvioso, cuando escucharon el coche de Andrea, ambos salieron a recibirla, su hija se abalanzo a sus brazos, Mama siento haberte echo sufrir, te quiero mucho
Andrea miro a Alberto incrédula y el la guiñó un ojo, aquella tarde Sara y Andrea le descubrieron haciendo la maleta, Sara no pudo evitar abrazarle, Tu estas solo, Mi madre esta sola y yo te voy a echar de menos ¿Por qué no te quedas un tiempo?
Los tres se abrazaron y aquellos ojos verdes de Andrea y los ojos grandes de Alberto se miraron brillantes como cuando eran dos adolescentes.
Hacia ya tres años de la muerte de su marido, el padre de esa niña, y desde entonces nunca había sabido llevarla, la comunicación cada vez se hacia mas difícil y sentía que la estaba perdiendo, y lo que es peor, que la niña estaba echando a perder su vida.
Aquel día aprovechando que Sara así se llama la niña- dormía en un campamento ella saldría con unas amigas a tomar algo, le habían hablado de un antiguo escritor de éxito que leería sus poemas en publico.
Y aunque no podía quitarse a su hija de la cabeza, y mas sabiendo que durante la siguiente semana ella tendría que salir fuera por su trabajo y dejarla sola en casa, se decidió a ir.
Y llegaron allí: era un sitio de los que quedan pocos, música de ambiente, bohemio, y con la gente pendiente de sus cosas y no de los demás, de esos sitios que ella frecuentaba antiguamente, y de repente salio él, ella abrió los ojos de par en par, no podía creer lo que veía, era Alberto, un antiguo amor de sus años jóvenes, estaba cambiando, con sus canas, su barba de tres días, pero aun conservaba aquellos ojos capaces de decirlo todo sin decir nada.
Escucho con una atención desmesurada sus poemas, trágicos, tristes, desoladores, hablaban de la muerte, la soledad, la noche de una vida desgarrada por los acontecimientos, y sintió pena por él; en el último poema sintió un escalofrió Aquellos ojos verdes como el campo en primavera fueron los últimos en mirarme, en amarme una tarde de lluvia embustera, cuando la vida era tan solo un verso sin arte . Ella se vio reflejada en ese poema
Al acabar la lectura el se dio cuenta de su presencia y se acerco a saludarla. tus ojos verdes no han perdido aun su brillo, aunque les invada la tristeza . Hablaron, hablaron y hablaron y ella le contó sus problemas con su hija: a ti siempre se te dieron bien los adolescentes le dijo- recuerdo como tus sobrinos te adoraban.
No se sabe muy bien como ella le convenció para que pasara ese mes en que ella se iba de viaje, en su casa, conviviendo con su hija, en realidad vigilándola.
Como era de esperar a Sara no le hizo mucha gracia la idea, pero no la quedaba mas remedio que aceptar, ayudó a su madre a cargar la maleta en el coche y se despidió con un frió adiós.
Alberto se despertó tarde al día siguiente, preparo algo de desayunar y se dirigió al baño, empujo la puerta y allí estaba ella tan solo con la toalla, ella gritó el pidió disculpas sin saber bien lo que decir ella enfadada subió corriendo a la habitación no había sido un buen comienzo-
Así pasaron los primeros días sin apenas hablar, el se dio cuenta de que Sara era una niña rebelde, pero en el fondo de buen corazón, solo había que sacarlo al exterior.
Un día mientras Sara estaba en el instituto el limpiaba la casa y se encontró con su diario, no estaba cerrado ni nada por el estilo, así que decidió mirarlo, sabia que no hacia bien, pero eso podría ayudarle; y se sorprendió al ver lo que en el había, poemas, cartas, a su madre, a su padre, de amores de cualquier adolescente, pero con una intensidad maravillosa, era la prueba de lo que el pensaba, y sobre todo un nexo de unión entre ambos.
Aquella noche ella regresó cansada de los estudios, el tenia la cena preparada, y cenaron juntos por primera vez, se que estas muy ocupada con tus estudios etc., pero me gustaría pedirte un favor, no se si sabrás que yo soy escritor, y tengo que elegir unos poemas para mi próximo libro y la verdad no se cuales elegir y he pensado que quizá tu podrías leerlos y aconsejarme. Ella le miro extrañada no es que entienda mucho de poesía la verdad y el la respondió solo dime lo que sintió tu corazón al leerlos. y se los extendió.
Por la noche antes de irse a dormir, vio la luz de su habitación encendida se asomo con cautela y allá estaba ella tumbada en la cama leyéndolos con atención.
Ella se sintió enganchada a esos versos, se sorprendió con cada una de sus metáforas, de sus imágenes, con la fuerza de cada final. no podía imaginar algo así de este abuelo tan serio, pensó
Aquel domingo ella se levanto antes que el, cuando le vio aparecer le dijo hoy fui yo quien preparo la comida y se sentaron a comer, ella estaba sonriente, como nunca antes la había visto.
-Me han mandado un trabajo sobre poesía en el instituto mintió para no reconocer su gusto por los versos- y he pensado que tu me podías ayudar.
Los siguientes días les pasaron descubriendo la poesía clásica, las rimas, los versos, la métrica, para después dar paso al verso libre, al modernismo Ella estaba entusiasmada con su aprendizaje, y le dejo leer un par de poemas escritos, uno de ellos hablaba de su madre al leerlo el la preguntó ¿y porque la tratas tan mal? ¿Por qué la contestas?...
Ella no supo que decir.
Esa noche mientras el escribía en el estudio ella llamo a su madre Te echo de menos la dijo te quiero
Apenas faltaban unos días para que ella regresara, aquel día Sara se mostraba pensativa y el la preguntó, ella confesó que Raúl un chico súper atractivo del instituto la había invitado al baile y no sabia que ponerse No te preocupes, ya idearemos algo.
La acercó en coche hasta el instituto, y la vio saludarse con un chico, por el rubor de sus mejillas supo que era Raúl, de vuelta a casa paro en una tienda para jóvenes y le explico a la dependienta que quería un vestido para una jovencita, para su baile de fin de curso, tras algunos problemas con la talla, Eligio un vestido rojo, con un escote palabra de honor.
Ella llegó a casa mientras el servia la comida, le saludo sonriente, y le dijo tendré que ir de compras esta tarde, por suerte ahorre algo de dinero, el sonrió y le dijo sube a tu cuarto y luego lo hablamos, al subir ella no podía creer lo que veía aquel precioso vestido estaba sobre la cama, pego un grito emocionada y desde arriba le grito ¿puedo probármelo?...
Cuando la vio bajar por esa escalera tuvo que tragar saliva, estaba tan preciosa, sin duda alguna le recordó a su madre, cuando hace ya muchos años fueron al baile juntos que tal me queda pregunto Si tuviera unos años menos no irías al baile con Raúl, sino conmigo, sonrió el ella le abrazo, una lagrima mojó los ojos de Alberto.
La llevo en el coche a recoger a Raúl que vestía elegantemente para después dejarles en el baile, al despedirse ella le dio un beso -no se porque nunca tuviste hijos y mujer hubieras sido un marido estupendo Y un gran padre
Amaneció aquel sábado lluvioso, cuando escucharon el coche de Andrea, ambos salieron a recibirla, su hija se abalanzo a sus brazos, Mama siento haberte echo sufrir, te quiero mucho
Andrea miro a Alberto incrédula y el la guiñó un ojo, aquella tarde Sara y Andrea le descubrieron haciendo la maleta, Sara no pudo evitar abrazarle, Tu estas solo, Mi madre esta sola y yo te voy a echar de menos ¿Por qué no te quedas un tiempo?
Los tres se abrazaron y aquellos ojos verdes de Andrea y los ojos grandes de Alberto se miraron brillantes como cuando eran dos adolescentes.