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Poesía a medianoche

Cuentista

Silencio, un cuento.



POESÍA A MEDIANOCHE

Creí ser invencible. Lo creí, mas mi cuerpo sangra roja poesía y la esbelta bandera
no tremola agarrada en mis brazos, la avalancha del atroz enemigo me alcanzó
derrumbándome en la dura llanura.

Avanza el helor de este plomizo día
supurando en mi armadura oval,
el hombrecuna me arropará esta noche
ya llega errabundo por la dañada luna curva
y acercándose chirria.
— ¡No tirites todavía!... no serás el primero.
Despeinado exhala hacia mi vela ardida,
esta noche inhalaré el oxido de su cabello.

Enmudecen los tambores mientras él rechina
hoy mojará sus dedos en mí,
arrimándose la hora huelo a pólvora
y mi herida se lapida en el campo de batalla
tal vez callado, no escarbe mi piel.

Manda oscura la medianoche
y el hombrecuna acrece en la arena muerta
desgreñando dunas de rojizo monstruoso,
pronto, hederá la carne derrotada
arrastrando próximo el silbido fermentado
del hambriento ser enflaquecido.

Humea fantasmal su rostro,
humea infecto demostrándonos horror
con las yemas calcinadas.
Lentamente muero en terreno de cruzada
donde solamente llueve frío.

Bajo esta luna agria no arde luz... luz ninguna
erige el céfiro que cala mi cara ceniza
y amanta los ojos de tierra, tan dolorosa.
Puede caminar regio sobre suelo el hombre mortuorio
profanando los cadáveres morados,
nauseabundo cual las ratas ese ser desnudo
roerá mi vida al penar la medianoche
hurgándome sus manos de intruso olor
y atrás, la polvorienta luna mirará.

“Cuentista 2016”.



 
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POESÍA A MEDIANOCHE

Creí ser invencible. ¡Lo creí! Mas mi cuerpo sangra roja poesía y la esbelta bandera
no tremola agarrada en mis brazos, la avalancha del atroz enemigo me alcanzó
derrumbándome en la dura llanura.

Avanza el helor de este plomizo día
supurando en mi armadura oval,
el hombrecuna me arropará esta noche
ya llega errabundo por la dañada luna curva
y acercándose chirria.
— ¡No tirites todavía!... no serás el primero.
Despeinado exhala hacia mi vela ardida,
esta noche inhalaré el oxido de su cabello.

Enmudecen los tambores mientras él rechina
hoy mojará sus dedos en mí,
arrimándose la hora huelo a pólvora
y mi herida se lapida en el campo de batalla
tal vez callado, no escarbe mi piel.

Manda oscura la medianoche
y el hombrecuna acrece en la arena muerta
desgreñando dunas de rojizo monstruoso,
pronto, hederá la carne derrotada
arrastrando próximo el silbido fermentado
del hambriento ser enflaquecido.

Humea fantasmal su rostro,
humea infecto demostrándonos horror
con las yemas calcinadas.
Lentamente muero en terreno de cruzada
donde solamente llueve frío.

Bajo esta luna agria no arde luz... luz ninguna
erige el céfiro que cala mi cara ceniza
y amanta los ojos de tierra, tan dolorosa.
Puede caminar regio sobre suelo el hombre mortuorio
profanando los cadáveres morados,
nauseabundo cual las ratas ese ser desnudo
roerá mi vida al penar la medianoche
hurgándome sus manos de intruso olor
y atrás, la polvorienta luna mirará.

“Cuentista 2016”.



El hombrecuna llegará y tal vez me espante, mas poco a poco me arropará hasta que ya no tenga frío... gélido poema el que dejas, amigo Cuentista, y en él encierra la belleza de una descripción certera y lírica de los fuertes momentos de la muerte. Me ha gustado leerte y con gozo te dejo mi comentario. Besos y bendiciones.
 
El hombrecuna llegará y tal vez me espante, mas poco a poco me arropará hasta que ya no tenga frío... gélido poema el que dejas, amigo Cuentista, y en él encierra la belleza de una descripción certera y lírica de los fuertes momentos de la muerte. Me ha gustado leerte y con gozo te dejo mi comentario. Besos y bendiciones.
Gozo es el mío por conocerte en mis letras compañera, otro beso para ti.
Cuentista.
 
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