jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
estoy cansado, harto, desanimado
de la vida, de las mujeres, de todo
de ser yo, de escribir poemas de mierda
de verme la jeta en el espejo cada día
del sabor del café en las mañanas
siempre lo mismo, lo mismo, lo mismo
bañarme, rasurarme, vestirme
cepillarme los dientes, ponerme fijador
en los pocos pelos que me quedan
preguntarme ¿ahora qué, adónde voy, a quién veo?
¿leo un libro, oigo música, quedo con alguna amiga?
a cierta edad ya no queda realmente nada por sentir
nada nuevo que experimentar, ningún motivo para salir de la cama
la única incógnita que falta por develar es la muerte
¿que se sentirá morirse, estar muerto, ser un puto cadáver?
¿cómo se ven las cosas desde el otro lado?
¿adquiere uno entonces la perspectiva necesaria
para entender el misterio de la vida?
este cansancio que tengo no es del cuerpo
sino el cansancio que surge cuando obtienes la certeza
de que cada día que te queda de vida no será ya en el mejor de los casos
más que una mala copia de algún otro día ya pasado
quizás conozca una hermosa mujer mañana
y la convenza de irnos a la cama y tenga su cuerpo
y me corra dos veces dentro de ella pero yo sé
que diez minutos después no querré verle ya la cara
que tenerla a mi lado en la cama me producirá náuseas
su olor, su respiración, sus ojos mirándome
me harán sentir deseos de no haberla conocido
y pensar ¿qué necesidad había de relacionarme con esta tipa
si con una paja habría tenido suficiente para sentirme a gusto?
este cansancio que tengo es de haber vivido
lo bastante para que la venda se me cayera de los ojos
veo la realidad frente a mí como un desierto
donde el único oasis que me queda es dormir
alcoholizarme o drogarme o leer novelas policíacas
mientras avanzo bajo el sol del más crudo desengaño
hacia la meta final que es la nada
morirme, deshacerme en partículas, acabar disperso
sobre las llanuras polvorientas del olvido
que no me digan que del otro lado son mejor las cosas
que te conviertes en ángel y andas de excursión por las estrellas
que te vuelves hermoso y brillas y no te huele el aliento
y tienes doce mil vírgenes para coger con la que se te antoje
y cada orgasmo que tienes cuando coges dura cien años
que no me cuenten ya más pendejadas
me costó una vida entera quitarme de mentiras
llegué al final de todo sabiendo que no soy
más que un simple costal de huesos que respira, caga y mea
que le da hambre tres veces al día y ganas de coger cada rato
que se enferma, se desgasta y al cabo del tiempo se rompe
lo que sigue entonces no es la vida eterna
sino acabar metido en un puto agujero dos metros bajo tierra
con un ejército de gusanos devorando tus restos
hasta vomitarse del asco