Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
"Al estilo de José Aníbal, con las manos llenas de negación y la lengua sucia de recuerdos"
Hoy no voy a escribir de amor.
Te lo juro.
No tengo ganas de llorar en verso
ni de acariciar ausencias con palabras rotas.
Hoy voy a hablar del café,
de esta taza que ya se enfría
como tus promesas
—perdón, no era de ti de quien hablaba—.
Voy a hablar de la lluvia,
de cómo moja la ropa y no el alma,
de cómo golpea el techo
igual que tu voz cuando me decías que no,
que no era suficiente
—diablos, otra vez tú—.
Quiero escribir sobre los perros callejeros,
esos que buscan un poco de pan sin esperar caricias.
Quiero ser como ellos:
andar sin nombre, sin correa,
sin esperar tu rastro en la acera.
Voy a escribir sobre política,
sobre el hambre,
sobre el insomnio que tengo
que no es por ti,
aunque tu nombre sigue apareciendo
en cada parpadeo entre sueños rotos.
Esto no es un poema de amor,
te lo repito.
Es un poema de dignidad a medias,
de batallas internas que siempre pierdo,
de ganas de no pensarte
y fracasos gloriosos en el intento.
Hoy no escribo de amor.
Hoy escribo desde el hueco
donde alguna vez estuvo
y ahora solo hay eco.
Hoy no voy a escribir de amor.
Te lo juro.
No tengo ganas de llorar en verso
ni de acariciar ausencias con palabras rotas.
Hoy voy a hablar del café,
de esta taza que ya se enfría
como tus promesas
—perdón, no era de ti de quien hablaba—.
Voy a hablar de la lluvia,
de cómo moja la ropa y no el alma,
de cómo golpea el techo
igual que tu voz cuando me decías que no,
que no era suficiente
—diablos, otra vez tú—.
Quiero escribir sobre los perros callejeros,
esos que buscan un poco de pan sin esperar caricias.
Quiero ser como ellos:
andar sin nombre, sin correa,
sin esperar tu rastro en la acera.
Voy a escribir sobre política,
sobre el hambre,
sobre el insomnio que tengo
que no es por ti,
aunque tu nombre sigue apareciendo
en cada parpadeo entre sueños rotos.
Esto no es un poema de amor,
te lo repito.
Es un poema de dignidad a medias,
de batallas internas que siempre pierdo,
de ganas de no pensarte
y fracasos gloriosos en el intento.
Hoy no escribo de amor.
Hoy escribo desde el hueco
donde alguna vez estuvo
y ahora solo hay eco.