El ermitaño
Poeta recién llegado
El prisionero
Al borde de mi cama contengo en mis ojos
el frio fulgor de la luna
y la remota espiral de los astros.
Tras los barrotes de mi mente
El ayer se desdobla en múltiples sombras
Que desgarran mis sienes.
Al borde de este lecho
de piedra enmohecida
Soy del pasado un prisionero
Y un fugitivo del futuro
que huye de las fauces de sus miedos
Al borde del abismo caigo,
Nada me toca,
ya que todo me es ajeno,
Solo un hilo luz se tiende a lo lejos
filtrándose por una grieta del habitáculo,
para recordarme que estoy vivo,
ante el rojo crepúsculo del nuevo día
y el rumor de las intrincadas disonancias,
resignado, ¡palpitante!
retorno a la infame urbe.
Al borde de mi cama contengo en mis ojos
el frio fulgor de la luna
y la remota espiral de los astros.
Tras los barrotes de mi mente
El ayer se desdobla en múltiples sombras
Que desgarran mis sienes.
Al borde de este lecho
de piedra enmohecida
Soy del pasado un prisionero
Y un fugitivo del futuro
que huye de las fauces de sus miedos
Al borde del abismo caigo,
Nada me toca,
ya que todo me es ajeno,
Solo un hilo luz se tiende a lo lejos
filtrándose por una grieta del habitáculo,
para recordarme que estoy vivo,
ante el rojo crepúsculo del nuevo día
y el rumor de las intrincadas disonancias,
resignado, ¡palpitante!
retorno a la infame urbe.