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Poema para un 7 de junio cuando llueve con sol

Jose Anibal Ortiz Lozada

Poeta adicto al portal
Llueve con sol. Como si el cielo dudara.
Como si dijera: te amo, pero me dueles.
Como si un dios confundido llorara
con una sonrisa mal curada en la piel.

Es 7 de junio y parezco yo:
claridad mojada, verdad contradictoria.
Una parte quiere bailar con el día,
la otra se esconde debajo de la memoria.

Hoy no sé si reír o cerrar la ventana.
El café está caliente, pero llora el cristal.
Y tú —que no estás— llueves en mi cama
como un recuerdo que se niega a secar.

Llueve con sol. Y pienso en tus mentiras
como rayos de luz atravesando la lluvia.
Bellezas que duelen, verdades dormidas,
caricias que matan… palabras que suenan sucias.

Yo te quise. Lo juro. Te quise así:
como este día absurdo que no escoge el clima.
Pero aprendí que el amor también es decir:
“no más tormentas que me aneguen la vida.”

Así que dejo que llueva. Que el sol haga su parte.
Y yo haré la mía: recordar sin quedarme.
Cerrar el paraguas, limpiar el corazón.
Y caminar bajo este sol, aunque llueva el perdón.
 
Llueve con sol. Como si el cielo dudara.
Como si dijera: te amo, pero me dueles.
Como si un dios confundido llorara
con una sonrisa mal curada en la piel.

Es 7 de junio y parezco yo:
claridad mojada, verdad contradictoria.
Una parte quiere bailar con el día,
la otra se esconde debajo de la memoria.

Hoy no sé si reír o cerrar la ventana.
El café está caliente, pero llora el cristal.
Y tú —que no estás— llueves en mi cama
como un recuerdo que se niega a secar.

Llueve con sol. Y pienso en tus mentiras
como rayos de luz atravesando la lluvia.
Bellezas que duelen, verdades dormidas,
caricias que matan… palabras que suenan sucias.

Yo te quise. Lo juro. Te quise así:
como este día absurdo que no escoge el clima.
Pero aprendí que el amor también es decir:
“no más tormentas que me aneguen la vida.”

Así que dejo que llueva. Que el sol haga su parte.
Y yo haré la mía: recordar sin quedarme.
Cerrar el paraguas, limpiar el corazón.
Y caminar bajo este sol, aunque llueva el perdón.
No tenemos de otra que aferrarnos a nuestros recuerdos.
Darle su espacio, para no quedarnos atrapado en el pasado, y encontrar la paz interior.

Un saludo hasta PR
 
Llueve con sol. Como si el cielo dudara.
Como si dijera: te amo, pero me dueles.
Como si un dios confundido llorara
con una sonrisa mal curada en la piel.

Es 7 de junio y parezco yo:
claridad mojada, verdad contradictoria.
Una parte quiere bailar con el día,
la otra se esconde debajo de la memoria.

Hoy no sé si reír o cerrar la ventana.
El café está caliente, pero llora el cristal.
Y tú —que no estás— llueves en mi cama
como un recuerdo que se niega a secar.

Llueve con sol. Y pienso en tus mentiras
como rayos de luz atravesando la lluvia.
Bellezas que duelen, verdades dormidas,
caricias que matan… palabras que suenan sucias.

Yo te quise. Lo juro. Te quise así:
como este día absurdo que no escoge el clima.
Pero aprendí que el amor también es decir:
“no más tormentas que me aneguen la vida.”

Así que dejo que llueva. Que el sol haga su parte.
Y yo haré la mía: recordar sin quedarme.
Cerrar el paraguas, limpiar el corazón.
Y caminar bajo este sol, aunque llueva el perdón.
Llover con sol, hecho milagroso. Hermoso poema.
 
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