Robert G
Poeta recién llegado
[center:db96aedee5]...Que tus caminos
sean como los ríos,
que desemboquen
en mares anchos
y libres [/center:db96aedee5]
Como paloma
alas al viento,
llegas tú,
arrastrada por manantiales
o por la brisa impetuosa del otoño,
y lo llenas todo.
Me traes ese perfume que me alienta,
esa energía corpórea e intangible
que hace renacer mis horizontes,
y mi vida.
Y eres tan inquieta y juguetona,
y eres a veces tan malcriada,
¡Pero ay hija mía!
cuanto quisiera poder arrebatarle al tiempo
esa energía cristalina que tú despides,
cuanto quisiera arrebatarle al espacio tu presencia
y guardarla aquí
bien cerca de mi pecho.
Yo sé que a veces no comprendes mis regaños,
y otras veces no escuchas mis palabras,
¡Pero ay hija mía!
cuanto quisiera protegerte,
cuanto de oro y rosas construirte,
para cuidarte.
Yo sé bien
que pasará el tiempo,
que el maldito tic tac del algún reloj
se llevará con prisa tu inocencia,
y endurecerá tu alma pura.
¡Pero ay hija mía!
que tú corazón nunca se endurezca,
que en tú mirada
siempre vuelen las mariposas
y que sean sus alas tus horizontes,
¡porque ay hija mía!
en ti,
guardo todas
mis esperanzas.
sean como los ríos,
que desemboquen
en mares anchos
y libres [/center:db96aedee5]
Como paloma
alas al viento,
llegas tú,
arrastrada por manantiales
o por la brisa impetuosa del otoño,
y lo llenas todo.
Me traes ese perfume que me alienta,
esa energía corpórea e intangible
que hace renacer mis horizontes,
y mi vida.
Y eres tan inquieta y juguetona,
y eres a veces tan malcriada,
¡Pero ay hija mía!
cuanto quisiera poder arrebatarle al tiempo
esa energía cristalina que tú despides,
cuanto quisiera arrebatarle al espacio tu presencia
y guardarla aquí
bien cerca de mi pecho.
Yo sé que a veces no comprendes mis regaños,
y otras veces no escuchas mis palabras,
¡Pero ay hija mía!
cuanto quisiera protegerte,
cuanto de oro y rosas construirte,
para cuidarte.
Yo sé bien
que pasará el tiempo,
que el maldito tic tac del algún reloj
se llevará con prisa tu inocencia,
y endurecerá tu alma pura.
¡Pero ay hija mía!
que tú corazón nunca se endurezca,
que en tú mirada
siempre vuelen las mariposas
y que sean sus alas tus horizontes,
¡porque ay hija mía!
en ti,
guardo todas
mis esperanzas.
