Rubaldo Condorhuayra
Poeta recién llegado
El árbol
Por Baldomiro Ruben Choque
Comienza la tempestad, despiadada y cántaros.
Despierto.
Tu imagen, dibujo de un holocausto, desnudez tibia de magenta,
se trisa.
Y despierto nuevamente.
Observo:
Un demonio purpúreo en los cielos, cuyo vaho cósmico derrite las nebulosas formas de un Edén maldito. Ha cesado la tempestad. La calleja es un espejo cautivo, un azul argento, una eyaculación grotesca de sombras y otros espectros. Una calleja donde el turbio fuego de sus faroles, resplandece por un placer morboso. Ha observado pues una muerte, una simple muerte.
II
Soy un árbol, ayer, ahora. Mis raíces de piedra recorren un suelo estéril; mi ramaje de alambre y púas un campo de torturas, mi corteza una ciénaga cadavérica. Y tú, por fin disolviéndote en la soledad ¡Maldita, sea!
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El día se ha marchitado, las horas han fallecido de inanición. Tú silencio de cavidades y pieles perduran en un obituario de huesos y tu fragancia desnuda, mujer, en las evocaciones de un miserable colgado, junto a una tierra de osamentas y sus árboles invertebrados
Para contactos con el autor, escribir a: condor_huayra@hotmail.com