IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Desgarrado el corazón de dios,
su tristeza nunca fue tan real,
caen como diluvio,
las promesas de tiempos ahora olvidados,
tiembla de dolor la tierra,
como si nunca más
pudiera contenerse a si misma,
y los días giran,
como si el mañana fuera siempre pasado,
y las noches iluminan,
a aquellas almas que necesitan su luz,
la verdad se condensa,
más allá
de lo que nuestra percepción vislumbra,
afuera de toda realidad,
la imaginación teje sin descanso,
toda realidad sentida,
toda idílica utopía con sangre blanca,
la inexistencia forma parte
de esa sensación que atenúa al tiempo,
hasta que sus agujas se derritan como velas,
y sus números solo sean
un reducto imaginario,
de una fortaleza
que cae y se vuelve a edificar,
podríamos llamarla consciencia,
o solo una simple muestra de cordura,
entre una complejidad inalcanzable,
de terca y mágica vitalidad.
su tristeza nunca fue tan real,
caen como diluvio,
las promesas de tiempos ahora olvidados,
tiembla de dolor la tierra,
como si nunca más
pudiera contenerse a si misma,
y los días giran,
como si el mañana fuera siempre pasado,
y las noches iluminan,
a aquellas almas que necesitan su luz,
la verdad se condensa,
más allá
de lo que nuestra percepción vislumbra,
afuera de toda realidad,
la imaginación teje sin descanso,
toda realidad sentida,
toda idílica utopía con sangre blanca,
la inexistencia forma parte
de esa sensación que atenúa al tiempo,
hasta que sus agujas se derritan como velas,
y sus números solo sean
un reducto imaginario,
de una fortaleza
que cae y se vuelve a edificar,
podríamos llamarla consciencia,
o solo una simple muestra de cordura,
entre una complejidad inalcanzable,
de terca y mágica vitalidad.