[center:5bf8743614]Pócima
Me nace prisionera la palabra,
sentada como escarcha en mi pluma,
retozona y perezosa se diluye
dibujando una esperanza en mi camino.
Me nace reo el vocablo,
tímido y pegajoso en su letargo,
apretando mis sienes por si deseara
brotar la inspiración.
Pero me nace esclava la expresión,
dependiente del mundo entero,
atada al silencio, que es su dueño,
entre los muros de la nada.
Retomo con energía la batalla,
esgrimiendo mis sentimientos con locura,
se vacían mis entrañas por amor,
y me duele el alma, con resaca oscura.
El mar de mis ideas se embravece,
coloco la razón en los resquicios,
se desmoldan los recuerdos
y se caen sobre el lienzo de papel.
blanco estridente que me arrastra al abismo,
al deber de sembrarlo de mi mismo,
dejando la sangre de mi pluma en su piel,
muriendo y naciendo en cada verso.[/center:5bf8743614]
Me nace prisionera la palabra,
sentada como escarcha en mi pluma,
retozona y perezosa se diluye
dibujando una esperanza en mi camino.
Me nace reo el vocablo,
tímido y pegajoso en su letargo,
apretando mis sienes por si deseara
brotar la inspiración.
Pero me nace esclava la expresión,
dependiente del mundo entero,
atada al silencio, que es su dueño,
entre los muros de la nada.
Retomo con energía la batalla,
esgrimiendo mis sentimientos con locura,
se vacían mis entrañas por amor,
y me duele el alma, con resaca oscura.
El mar de mis ideas se embravece,
coloco la razón en los resquicios,
se desmoldan los recuerdos
y se caen sobre el lienzo de papel.
blanco estridente que me arrastra al abismo,
al deber de sembrarlo de mi mismo,
dejando la sangre de mi pluma en su piel,
muriendo y naciendo en cada verso.[/center:5bf8743614]