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Pintora de ángeles

penabad57

Poeta veterano en el portal
Calma del agua que vierte su racimo de gotas en la serena

quietud de la tarde. Ella pinta ángeles bajo los aleros como

si ateridos de humedad se refugiaran en las cornisas para

convertir en inmóviles sus alas. Ella aún desprende luz de luna

si la llamada de unos ojos recuerda la simbiosis celeste de su piel

con el haz que la medianoche dejó en su perfil,

mixtura que se convierte en fulgor cuando la memoria

repite el eco de la magia de ver la transparencia de la luz

sobre un halo virgen que envuelve el cáliz de un cuerpo

con la rosa alba que la luna deposita en los hombros desnudos

hincándose como flores de nieve en los promontorios mas altivos

de la carne. Calma del agua que moja la testuz de los caballos

en la fontana, paciencia del cristal y sus biseles donde se quiebra

el rimero que fluye hasta el contorno de una ventana en penumbra,

infancia de la claridad bajo la sombra gris de los cúmulos,

paraguas sin nadie como pájaros negros sobrevolando

la corriente de un río insomne, la sonrisa que pintó

para ella un ángel en su impermeable azul con la forma

dorada de un sol de invierno me recuerda que siempre

fue la luz que iluminó la oscura faz de mi alma.
 
Última edición:
Calma del agua que vierte su racimo de gotas en la serena

quietud de la tarde. Ella pinta ángeles bajo los aleros como

si ateridos de humedad se refugiaran en las cornisas para

convertir en inmóviles sus alas. Ella aún desprende luz de luna

si la llamada de unos ojos recuerda la simbiosis celeste de su piel

blanquecina con el haz que la medianoche dejó en su perfil,

mixtura que se convierte en fulgor cuando la memoria

repite el eco de la magia de ver la transparencia de la luz

sobre un halo virgen que envuelve el cáliz de un cuerpo

con la rosa alba que la luna deposita en los hombros desnudos

que se hincan como flores de nieve en los promontorios mas altivos

de la carne. Calma del agua que moja la testuz de los caballos

en la fontana, paciencia del cristal y sus biseles donde se quiebra

el rimero que fluye hasta el contorno de una ventana en penumbra,

senectud de la claridad bajo la sombra gris de los cúmulos,

paraguas sin nadie como pájaros negros sobrevolando

la corriente de un río insomne, la sonrisa que pintó

para ella un ángel en su impermeable azul con la forma

dorada de un sol de invierno me recuerda que siempre

fue la luz que iluminó la oscura faz de mi alma.
Una escena serena y poética.
Me gustó el cierre: paraguas solitarios, como pájaros negros, sobrevolando el paisaje.

Saludos
 
Calma del agua que vierte su racimo de gotas en la serena

quietud de la tarde. Ella pinta ángeles bajo los aleros como

si ateridos de humedad se refugiaran en las cornisas para

convertir en inmóviles sus alas. Ella aún desprende luz de luna

si la llamada de unos ojos recuerda la simbiosis celeste de su piel

blanquecina con el haz que la medianoche dejó en su perfil,

mixtura que se convierte en fulgor cuando la memoria

repite el eco de la magia de ver la transparencia de la luz

sobre un halo virgen que envuelve el cáliz de un cuerpo

con la rosa alba que la luna deposita en los hombros desnudos

que se hincan como flores de nieve en los promontorios más altivos

de la carne. Calma del agua que moja la testuz de los caballos

en la fontana, paciencia del cristal y sus biseles donde se quiebra

el rimero que fluye hasta el contorno de una ventana en penumbra,

infancia de la claridad bajo la sombra gris de los cúmulos,

paraguas sin nadie como pájaros negros sobrevolando

la corriente de un río insomne, la sonrisa que pintó

para ella un ángel en su impermeable azul con la forma

dorada de un sol de invierno me recuerda que siempre

fue la luz que iluminó la oscura faz de mi alma.
Bien podrías pensar en un gran cierre y luego escribir más arriba. Un abrazo, Ramón.
 
repite el eco de la magia de ver la transparencia de la luz /sobre un halo virgen que envuelve el cáliz de un cuerpo
De nuevo nos aportas Poesía grande, poesía esencial. Como tenues veladuras desde el foco -Ella- deslumbrante en el recuerdo, vas iluminando esas zonas oscuras que dejó su ausencia. Tenues veladuras que acaban con una oleada de luz sin límites ni contornos que deslumbra al entusiasmado lector. Grande tu poesía, querido amigo.
miguel
 
De nuevo nos aportas Poesía grande, poesía esencial. Como tenues veladuras desde el foco -Ella- deslumbrante en el recuerdo, vas iluminando esas zonas oscuras que dejó su ausencia. Tenues veladuras que acaban con una oleada de luz sin límites ni contornos que deslumbra al entusiasmado lector. Grande tu poesía, querido amigo.
miguel
Gracias, Miguel, por tu generoso y amable comentario. Un abrazo.
 
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