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Pintar de nubes el cielo

Gonvedo

Poeta asiduo al portal
He dejado en mi adiós
colinas ardiendo,
-Roma medita bajo el cielo gastado de Berlín-,
algunos felinos
y naipes
´-reinas de corazones al albur de una luna ebria-.
mínima diosa, reina del abalorio.
Solo una orquídea tatuada en el pecho
como un latido a futuro,
unos ojos de coral
con su resuello de vidrio,
un viento despeinado
deja su huella en una marisma de voces arrugadas.

El mar, que parece llorado,
golpeando en la frente,
los años brillando en la piel
de esta selva urbana tan caníbal,
-calle arriba los suenos giran con el viento
y siguen rodando-.
Una primera luz,
-ojos de un pequeño incendio-,
con hechuras de gigante dormido,
hace que yo me decante por la noche,
-cauterizador láudano en la penumbra solitaria-,
arrancada espina, costilla del frío en oración.

Abril ya carece de flores,
pero aún hay pétalos que sobreviven a medianoche.
Me refugio en la suave voz de valle de los pájaros.
Ardían en mis ojos, ciegos por la ceniza,
arquitecturas de tu sangre.

Me pongo en pie sobre el alambre de mis huesos,
y puedo ver que más allá del mundo
solo hay espejos y negación.
Solo la vida prospera en los planetas
pintados a mano, y alguien ha querido
adornar el cielo de nubes soñando con la poesía.
 
He dejado en mi adiós
colinas ardiendo,
-Roma medita bajo el cielo gastado de Berlín-,
algunos felinos
y naipes
´-reinas de corazones al albur de una luna ebria-.
mínima diosa, reina del abalorio.
Solo una orquídea tatuada en el pecho
como un latido a futuro,
unos ojos de coral
con su resuello de vidrio,
un viento despeinado
deja su huella en una marisma de voces arrugadas.

El mar, que parece llorado,
golpeando en la frente,
los años brillando en la piel
de esta selva urbana tan caníbal,
-calle arriba los suenos giran con el viento
y siguen rodando-.
Una primera luz,
-ojos de un pequeño incendio-,
con hechuras de gigante dormido,
hace que yo me decante por la noche,
-cauterizador láudano en la penumbra solitaria-,
arrancada espina, costilla del frío en oración.

Abril ya carece de flores,
pero aún hay pétalos que sobreviven a medianoche.
Me refugio en la suave voz de valle de los pájaros.
Ardían en mis ojos, ciegos por la ceniza,
arquitecturas de tu sangre.

Me pongo en pie sobre el alambre de mis huesos,
y puedo ver que más allá del mundo
solo hay espejos y negación.
Solo la vida prospera en los planetas
pintados a mano, y alguien ha querido
adornar el cielo de nubes soñando con la poesía.
Un recorrido a través de la memoria, el dolor y la esperanza.
Tal vez acercarnos a estos menesteres, puede traernos un poquito de consuelo.

Saludos
 
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