• MundoPoesía se ha renovado! Nuevo diseño y nuevas funciones. Ver cambios

Persistencia del eco

Pessoa

Moderador Foros Surrealistas.o
Miembro del equipo
Moderadores
PERSISTENCIA DEL ECO.

Ecos sin voces me llegan desde la infancia”

1.- Las cigüeñas

Sueños de cigüeña inacabada

sobrevuelan los rústicos campanarios

de mi infancia.

Espadañas, ojos sonoros, ciegas voces

en las que el tiempo se hace lágrima:

el tiempo, ese misterio, esa cárcava resonante

donde abrevan los alimoches sus silencios.

Infinitud de la nada, horizonte que repite

los ocasos rojos filtrados por las espadañas.


Me perfumo con las jaras y sus untos

que dan también aroma al pan.

Me proclamo noche y canon,

absurdidad de la estrella no nacida

cuando ya están las constelaciones completas.

No así las cigüeñas, esbeltas y acutángulas,

cuya perfección sería envidia de los dioses, si existiesen.

Ellas me acogen y me hieren:

sangro espermas espurios,

se me escapan los latidos al ritmo de su crotoreo.

Ellas, las cigüeñas inconclusas de mi infancia.


2.-Los campanarios.


Ya no es solo el halago de la timidez oculta bajo el musgo”
Gerardo Diego.

Voces pétreas de las antiguas campanas,

caleidoscopios con sólo marrón y amarillo,

y algún verde desvaído,

como besos hirientes de los campos agostados.

Rudos refugios de las últimas geometrías,

las que no aceptan la humillación genuflexa.

Así mi corazón de pulsos tan abruptos,

como de animal que no encuentra paraíso.


Campanarios, oraciones petrificadas, ya sin alma,

que tienen curvadas sus espaldas

con el peso del tiempo muerto.

Y sin embargo...

estas piedras invitan desde sus frágiles sonrisas,

a escuchar las músicas interiores,

las que dejaron en ellas siglos y ruiseñores.


3.- Las espadañas.


La espadaña como un himen triplemente perforado

desde el que nace la purísima luz del alba,

luz o caricia que muere en la terrible soledad de páramo

de los vientres desahuciados.

Como un coágulo de rubíes y amatistas la luz escapa.

Como un abrazo de impotencia se yergue la espadaña.

Como una hostia dorada ocupa la luna el óculo

y la espadaña se hace ostensorio, provocador y plebeyo.


Porque en la severa noche -ya la luna agonizada-

fuegos fatuos iluminan las carroñas de los trigos

que dormitan en las eras y salmodian las estridentes cigarras.

Mares de olas suaves, surcos sobre los que nacerán trigales

son el espejo que habitan, temblorosas, las espadañas.
 
Hermosa letras saturadas de añoranza, me embriaga de añoranza el repicar de las campanas

PERSISTENCIA DEL ECO.

Ecos sin voces me llegan desde la infancia”

1.- Las cigüeñas

Sueños de cigüeña inacabada

sobrevuelan los rústicos campanarios

de mi infancia.

Espadañas, ojos sonoros, ciegas voces

en las que el tiempo se hace lágrima:

el tiempo, ese misterio, esa cárcava resonante

donde abrevan los alimoches sus silencios.

Infinitud de la nada, horizonte que repite

los ocasos rojos filtrados por las espadañas.


Me perfumo con las jaras y sus untos

que dan también aroma al pan.

Me proclamo noche y canon,

absurdidad de la estrella no nacida

cuando ya están las constelaciones completas.

No así las cigüeñas, esbeltas y acutángulas,

cuya perfección sería envidia de los dioses, si existiesen.

Ellas me acogen y me hieren:

sangro espermas espurios,

se me escapan los latidos al ritmo de su crotoreo.

Ellas, las cigüeñas inconclusas de mi infancia.


2.-Los campanarios.


Ya no es solo el halago de la timidez oculta bajo el musgo”
Gerardo Diego.

Voces pétreas de las antiguas campanas,

caleidoscopios con sólo marrón y amarillo,

y algún verde desvaído,

como besos hirientes de los campos agostados.

Rudos refugios de las últimas geometrías,

las que no aceptan la humillación genuflexa.

Así mi corazón de pulsos tan abruptos,

como de animal que no encuentra paraíso.


Campanarios, oraciones petrificadas, ya sin alma,

que tienen curvadas sus espaldas

con el peso del tiempo muerto.

Y sin embargo...

estas piedras invitan desde sus frágiles sonrisas,

a escuchar las músicas interiores,

las que dejaron en ellas siglos y ruiseñores.


3.- Las espadañas.


La espadaña como un himen triplemente perforado

desde el que nace la purísima luz del alba,

luz o caricia que muere en la terrible soledad de páramo

de los vientres desahuciados.

Como un coágulo de rubíes y amatistas la luz escapa.

Como un abrazo de impotencia se yergue la espadaña.

Como una hostia dorada ocupa la luna el óculo

y la espadaña se hace ostensorio, provocador y plebeyo.


Porque en la severa noche -ya la luna agonizada-

fuegos fatuos iluminan las carroñas de los trigos

que dormitan en las eras y salmodian las estridentes cigarras.

Mares de olas suaves, surcos sobre los que nacerán trigales

son el espejo que habitan, temblorosas, las espadañas.
 
Última edición:
PERSISTENCIA DEL ECO.

Ecos sin voces me llegan desde la infancia”

1.- Las cigüeñas

Sueños de cigüeña inacabada

sobrevuelan los rústicos campanarios

de mi infancia.

Espadañas, ojos sonoros, ciegas voces

en las que el tiempo se hace lágrima:

el tiempo, ese misterio, esa cárcava resonante

donde abrevan los alimoches sus silencios.

Infinitud de la nada, horizonte que repite

los ocasos rojos filtrados por las espadañas.


Me perfumo con las jaras y sus untos

que dan también aroma al pan.

Me proclamo noche y canon,

absurdidad de la estrella no nacida

cuando ya están las constelaciones completas.

No así las cigüeñas, esbeltas y acutángulas,

cuya perfección sería envidia de los dioses, si existiesen.

Ellas me acogen y me hieren:

sangro espermas espurios,

se me escapan los latidos al ritmo de su crotoreo.

Ellas, las cigüeñas inconclusas de mi infancia.


2.-Los campanarios.


Ya no es solo el halago de la timidez oculta bajo el musgo”
Gerardo Diego.

Voces pétreas de las antiguas campanas,

caleidoscopios con sólo marrón y amarillo,

y algún verde desvaído,

como besos hirientes de los campos agostados.

Rudos refugios de las últimas geometrías,

las que no aceptan la humillación genuflexa.

Así mi corazón de pulsos tan abruptos,

como de animal que no encuentra paraíso.


Campanarios, oraciones petrificadas, ya sin alma,

que tienen curvadas sus espaldas

con el peso del tiempo muerto.

Y sin embargo...

estas piedras invitan desde sus frágiles sonrisas,

a escuchar las músicas interiores,

las que dejaron en ellas siglos y ruiseñores.


3.- Las espadañas.


La espadaña como un himen triplemente perforado

desde el que nace la purísima luz del alba,

luz o caricia que muere en la terrible soledad de páramo

de los vientres desahuciados.

Como un coágulo de rubíes y amatistas la luz escapa.

Como un abrazo de impotencia se yergue la espadaña.

Como una hostia dorada ocupa la luna el óculo

y la espadaña se hace ostensorio, provocador y plebeyo.


Porque en la severa noche -ya la luna agonizada-

fuegos fatuos iluminan las carroñas de los trigos

que dormitan en las eras y salmodian las estridentes cigarras.

Mares de olas suaves, surcos sobre los que nacerán trigales

son el espejo que habitan, temblorosas, las espadañas.
Grandísimo poema...muy exquisito todo él. Un saludo.
 
PERSISTENCIA DEL ECO.

Ecos sin voces me llegan desde la infancia”

1.- Las cigüeñas

Sueños de cigüeña inacabada

sobrevuelan los rústicos campanarios

de mi infancia.

Espadañas, ojos sonoros, ciegas voces

en las que el tiempo se hace lágrima:

el tiempo, ese misterio, esa cárcava resonante

donde abrevan los alimoches sus silencios.

Infinitud de la nada, horizonte que repite

los ocasos rojos filtrados por las espadañas.


Me perfumo con las jaras y sus untos

que dan también aroma al pan.

Me proclamo noche y canon,

absurdidad de la estrella no nacida

cuando ya están las constelaciones completas.

No así las cigüeñas, esbeltas y acutángulas,

cuya perfección sería envidia de los dioses, si existiesen.

Ellas me acogen y me hieren:

sangro espermas espurios,

se me escapan los latidos al ritmo de su crotoreo.

Ellas, las cigüeñas inconclusas de mi infancia.


2.-Los campanarios.


Ya no es solo el halago de la timidez oculta bajo el musgo”
Gerardo Diego.

Voces pétreas de las antiguas campanas,

caleidoscopios con sólo marrón y amarillo,

y algún verde desvaído,

como besos hirientes de los campos agostados.

Rudos refugios de las últimas geometrías,

las que no aceptan la humillación genuflexa.

Así mi corazón de pulsos tan abruptos,

como de animal que no encuentra paraíso.


Campanarios, oraciones petrificadas, ya sin alma,

que tienen curvadas sus espaldas

con el peso del tiempo muerto.

Y sin embargo...

estas piedras invitan desde sus frágiles sonrisas,

a escuchar las músicas interiores,

las que dejaron en ellas siglos y ruiseñores.


3.- Las espadañas.


La espadaña como un himen triplemente perforado

desde el que nace la purísima luz del alba,

luz o caricia que muere en la terrible soledad de páramo

de los vientres desahuciados.

Como un coágulo de rubíes y amatistas la luz escapa.

Como un abrazo de impotencia se yergue la espadaña.

Como una hostia dorada ocupa la luna el óculo

y la espadaña se hace ostensorio, provocador y plebeyo.


Porque en la severa noche -ya la luna agonizada-

fuegos fatuos iluminan las carroñas de los trigos

que dormitan en las eras y salmodian las estridentes cigarras.

Mares de olas suaves, surcos sobre los que nacerán trigales

son el espejo que habitan, temblorosas, las espadañas.

Unidad de poema donde las añoranzas del tiempo pasado es
como un humedal que revierte a la tierra desgajada y seca.
lucha emocional en un poema de labrantios sinceros.
felicidades luzyabsenta
 
Hola, Carlos, mi estimado Luzyabsenta. Me hablas en tu comentario de "tierra desgajada y seca". Ese podría ser mi poema resumido con tu enorme sensibilidad en tres palabras. Una tierra dúplice que amo por ser la de mi nacimiento y por ser la que dio forma y consolidó mis sentimientos. Hablo de Extremadura y Aragón. Tan distantes en la geografía y tan esencialmente unidas en sus arduas historias. Muchas gracias por tus siempre motivadoras palabras.
miguel
 
PERSISTENCIA DEL ECO.

Ecos sin voces me llegan desde la infancia”

1.- Las cigüeñas

Sueños de cigüeña inacabada

sobrevuelan los rústicos campanarios

de mi infancia.

Espadañas, ojos sonoros, ciegas voces

en las que el tiempo se hace lágrima:

el tiempo, ese misterio, esa cárcava resonante

donde abrevan los alimoches sus silencios.

Infinitud de la nada, horizonte que repite

los ocasos rojos filtrados por las espadañas.


Me perfumo con las jaras y sus untos

que dan también aroma al pan.

Me proclamo noche y canon,

absurdidad de la estrella no nacida

cuando ya están las constelaciones completas.

No así las cigüeñas, esbeltas y acutángulas,

cuya perfección sería envidia de los dioses, si existiesen.

Ellas me acogen y me hieren:

sangro espermas espurios,

se me escapan los latidos al ritmo de su crotoreo.

Ellas, las cigüeñas inconclusas de mi infancia.


2.-Los campanarios.


Ya no es solo el halago de la timidez oculta bajo el musgo”
Gerardo Diego.

Voces pétreas de las antiguas campanas,

caleidoscopios con sólo marrón y amarillo,

y algún verde desvaído,

como besos hirientes de los campos agostados.

Rudos refugios de las últimas geometrías,

las que no aceptan la humillación genuflexa.

Así mi corazón de pulsos tan abruptos,

como de animal que no encuentra paraíso.


Campanarios, oraciones petrificadas, ya sin alma,

que tienen curvadas sus espaldas

con el peso del tiempo muerto.

Y sin embargo...

estas piedras invitan desde sus frágiles sonrisas,

a escuchar las músicas interiores,

las que dejaron en ellas siglos y ruiseñores.


3.- Las espadañas.


La espadaña como un himen triplemente perforado

desde el que nace la purísima luz del alba,

luz o caricia que muere en la terrible soledad de páramo

de los vientres desahuciados.

Como un coágulo de rubíes y amatistas la luz escapa.

Como un abrazo de impotencia se yergue la espadaña.

Como una hostia dorada ocupa la luna el óculo

y la espadaña se hace ostensorio, provocador y plebeyo.


Porque en la severa noche -ya la luna agonizada-

fuegos fatuos iluminan las carroñas de los trigos

que dormitan en las eras y salmodian las estridentes cigarras.

Mares de olas suaves, surcos sobre los que nacerán trigales

son el espejo que habitan, temblorosas, las espadañas.


Sabes?, me apasiona la fotografía, y las aves casi me obsesionan, busco esos nidos que dibujas con tanta maestría, la longitud de las patas, los colores, los ocres, los rojos y los negros, la arquitectura y el sabor a pueblo. Los sonidos del verano en las espigas... qué lujo imaginar Miguel, qué lujo leerte...
 
Excelente tu poema compañero,
la infancia persistiendo en nuestra memoria, nunca deberíamos dejar de ser niños,
eso siempre lo he tenido claro.
Un saludo, encantado de leerte.
 
Te defino por lo que dices, Palmira, un espíritu renacentista: no es el Arte, que trasciendes buscando la Belleza, lo que marca tu camino. Inquieres en cualquier faceta donde puedas encontrarla. Creo que fue Proust quien se refirió a esa búsqueda en lo mínimo: tras cualquier revuelta del camino, por encima de las grandes y apabullantes perspectivas, se puede encontrar una pequeña flor cuya humilde armonía las supere. Sólo hay que tener el espíritu advertido. Un muy cordial saludo y que estos calores mediterráneos te sean leves.
miguel
 
Ayuda Usuarios

You haven't joined any salas.

You haven't joined any salas.
Atrás
Arriba