prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
Caigo en lo mismo, en lo innombrable
como un ciervo en sus propios cuernos
al mirar dentro de una campana.
La lasitud de una paradoja
a veces convertida en un extremo dolor de espalda.
O me lleno de pétalos de magnolia
y no sé que hacer con tanta primavera.
Desde las grietas chorrean gritos de hormiga
y la escarcha se dilata entre las pupilas de un dios oblicuo.
A veces creo que es bueno comprar perros ya viejos, experimentados,
que esperan, tranquilos, al margen de un ser
para beber sus lágrimas
porque saben el lugar exacto de su caída.
Última edición: